¿De quién es la culpa de que la RSE no haya funcionado?

(Publicado en Ágora. Agosto 2017. Enlace)

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Fuente: http://www.anticapitalistes.net/spip.php?article7025

He estado siguiendo el debate entre Antonio Vives y Gonzalo Fernández, en relación a un artículo de este último titulado La que se avecina: Un capitalismo (aún) más salvaje, y la primera y segunda respuestas de Vives. Pretendo aclarar algún punto que se ha tratado y abrir, en la medida de lo posible, un nuevo debate. Dado que las entradas no deben ser excesivamente largas, dividiré mi argumentación en varios articulillos.

En el artículo originario, Fernández (OMAL) hace una reflexión sobre el posible devenir de nuestro mundo ante la dualidad hegemónica que parece estar  batallando: el statu quo, todo va bien profundicemos en lo que hemos hecho hasta ahora, y, el extremismo fascista, de aquellos que pretenden capturar “la máxima ganancia posible para los capitales nacionales propios bajo la premisa de guerra económica y geopolítica entre bloques regionales, por el otro”, afirma el autor. Esta batalla en el discurso hegemónico se ha apreciado claramente en las últimas elecciones en los EE.UU., Francia, el referéndum del Brexit, etc. en las que han ido ganando diferentes bloques.

El mismo autor concluye con lo que opina serán las claves que determinarán nuestro futuro más próximo y sobre las que Vives debería haber contra-argumentado de manera más serena y sin denotar cierto dogmatismo, que a la vez parece criticar. Algunos errores en el texto, como confundir anticapitalismo y anti-empresa, así como confundir comunismo con intervención estatal, entre otros. Algunos de ellos comentaré y habrá que hacerlo con ciertos argumentos con un sesgo ideológico (que no me parece mal, pues hablamos de Economía) pero que el propio Vives considera como malo en el caso del sesgo ideológico de Fernández.

Para empezar, lo vamos a hacer con algunas inexactitudes que no son más que consecuencia de la simplificación de ciertos conceptos. Es importante señalarlos porque desvirtúan el debate posterior.

Primero, debería el autor ser más estricto cuando habla de anticapitalismo y antiempresa. No tienen nada que ver, absolutamente nada. Echar la culpa a la empresa sería como hacerlo a un coche por correr mucho. No sólo eso. ¿No existían empresas antes de la aparición del Capitalismo? ¿No existían empresas en el Bloque Soviético? ¿No existen en Cuba? Quienes consideran que el Capitalismo es un sistema salvaje no echan la culpa a las empresas sino, más bien, a los propios mecanismos que el sistema utiliza para reproducirse. Es la necesaria acumulación de capital para la reproducción del sistema la que le acabará perjudicando.

Segundo, le sucede lo mismo cuando asemeja el Comunismo con la participación del Estado. Diríamos, siguiendo a Marx, que el Comunismo es una fase más avanzada en la que no existe el Estado ni tampoco clases sociales. De estas aclaraciones resulta evidente que no encontramos ningún ejemplo que se acerque al 100% con lo que Marx esperaba que fuese, como sucede con el Capitalismo. Tanto cuando hablamos de un sistema como de otro estamos hablando hipotéticamente pues la realidad no ha mostrado jamás ninguno de ellos de manera exacta. Afirmar que Cuba o Corea del Norte son socialistas se debe basar, solamente, en que la propiedad de los medios de producción es del Estado y que el Gobierno es una dictadura, aunque no del Proletariado.

Entrando ya en los contraargumentos que aporta Vives a las conclusiones del artículo de Fernández, nos centraremos en este artículo en el primero de ellos y que tiene que ver con el tamaño de las multinacionales.

Vives considera que es un error comparar PIB de una economía con la cifra de ventas de una empresa. Para su argumentación, también para hablar del poder, utiliza un texto de apoyo bastante pobre y sesgado ideológicamente, lo que acaba trasladándose a su primera respuesta.

“El primer argumento sobre el poder de las empresas repite un error, muy común entre los detractores de las empresas, y es el de exagerar su poder.  Dice, por ejemplo, que “69 de las mayores entidades del mundo son empresas y solo 31 son estados”.  Esta aseveración está basada en la comparación entre las ventas (ingresos) de las empresas con el Producto Interno Bruto, PIB, de los países, que representa el valor agregado por la economía.

Comparan peras con manzanas.  Debemos comparar cosas comparables, ventas con ventas o valor agregado con valor agregado. Como los países no tienen “ventas”, se deben comparar los valores agregados por la actividad de las empresas, de lo contrario habría doble conteo can las actividades de sus suplidores de insumos.  Aún a pesar de las grandes dificultades estadísticas en determinar el valor agregado de las empresas [1], si se hace la comparación correcta entre estos valores y el PIB de los países sólo dos de las 50 economías más grandes son empresas.  WalMart, por ejemplo, sería una octava parte de España, un poco más de la mitad de Venezuela y de un tamaño equivalente a Chile. [2]”  Vives (2017-1)

Empecemos con un poco de teoría. En una economía, de manera resumida, existen tres variables críticas que debemos medir para conocer su estado de salud:

  • La cantidad de producción y su evolución, porque es bien sabido que vamos a suponer que más es mejor según la ideología dominante (no entro en las contradicciones del supuesto).
  • El nivel de precios de una economía. Sabemos que los precios son los indicadores que nos dan señales de cómo está el mercado de un determinado bien, pero a la vez, y tras su agregación, de las señales que emite una economía.
  • El nivel de ocupación de los factores. ¿Estamos produciendo usando todos los factores o estamos desaprovechando algunos?

Estas variables no son observables directamente y para obtener unas aproximaciones nos hemos inventado los indicadores. Evidentemente los indicadores son “algo parecido a…” pero se da por sentado que no sean “igual a…”. Es, por tanto, consecuente pensar que cada indicador tiene sus pros y sus contras, y que teniendo esto en cuenta, no podemos descartar un indicador por sus contras, al menos, sin argumentar sus ventajas respecto a otros. Por ejemplo, el IPC y el deflactor del PIB tienen ambos sus ventajas e inconvenientes, lo importante es que se especifique cómo se ha calculado el nivel de precios de una economía.

Definamos que entendemos por PIB:

El PIB mide el valor monetario de los bienes y servicios finales —es decir, los que adquiere el consumidor final— producidos por un país en un período determinado (por ejemplo, un trimestre o un año), y cuenta todo el producto generado dentro de las fronteras. Abarca los bienes y servicios producidos para la venta en el mercado, pero incluye también otros, como los servicios de defensa y educación suministrados por el gobierno. (Fuente¿Qué es el producto interno bruto?

¿Comparamos peras con manzanas? En mi opinión, cuando comparamos empresas con economías no pretendemos convertir a estas últimas en las primeras, sino más bien al revés. Y no es cuestión baladí, porque entendiendo este cambio de perspectiva nos permitirá hacer unas suposiciones que nos facilitarán la comprensión del siguiente argumento.

Cuando se habla de tamaño de una economía se acostumbra a usar el PIB como un indicador. Si cogemos cualquier artículo en el que hablemos de potencias mundiales siempre aparecerá el PIB como un indicador. Lean, por ejemplo, este artículo de la web del World Economic Forum titulado Las 10 mayores economías del mundo. Cuando hablamos de tamaño de empresa utilizamos, también, diversos indicadores como son el volumen de activos, número de trabajadores y la cifra de negocios. Después de definir el PIB entenderán que el indicador más próximo a este es el de cifra de negocios. No son indicadores iguales pero muestran, en términos monetarios (se puede comparar), el tamaño de dos entidades diferentes. Tras haber definido el PIB pienso que la argumentación es más fácil de seguir: comparamos el valor monetario de los bienes y/o servicios finales producidos (y vendidos) por una empresa con los que se han producido (y vendido) en una economía.

A modo de conclusión, comparar el PIB de una economía con la facturación de una empresa, no es estrictamente correcto, pero sí que nos es útil y teóricamente, aceptable. Sería como comparar peras conferencia con las blanquillas, comparables en parte.

 

 

Fuentes:

Fernández, G. (2017): La que se avecina: Un capitalismo (aún) más salvaje. Repensando nuestro modelo de sociedad y de economía. Dossieres EsF n.º26, Verano 2017.

Vives, A. (2017): ¿De quién es la culpa si el capitalismo no funciona? Primera Parte: ¿Hacia un capitalismo (más) salvaje? ÁgoraRSC.

Vives, A. (2017): ¿De quién es la culpa si el capitalismo no funciona? Segunda Parte: ¿Hacia un capitalismo (más) salvaje? ÁgoraRSC.

Gray, A. (2017): Las 10 mayores economías del mundo. World Economic Forum.

Harnercker, M. (1979): Socialismo y Comunismo. Cuadernos Nº 7 de la serie: Cuadernos de Educación Popular: ¿Qué es el socialismo?

De Grauwe, P. y Camerman, P., (2003), Are multinationals bigger than nations? World Economics, Vol. 4, No. 2, abril-junio 2003, pgs. 23-37

Amancio Ortega, héroe o villano.

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Durante esta semana se ha dado un debate en España entre los partidarios de la donación de la Fundación Amancio Ortega y los que se oponen. Muy patria la forma en la que se ha dado el debate, primero opinando y después insultando. Pues nos faltaría una tercera fase (aunque no en este orden) que sería el análisis crítico del asunto que nos concierne, la filantropía. Sigue leyendo “Amancio Ortega, héroe o villano.”

Esto es imposible.

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Escribir una leyenda

Sí, lo de la RSE es algo imposible mientras dejemos en el aire el significado de ciertos conceptos de vital importancia.

Estoy leyendo en El País un artículo de Justo Villafañe (léalo) en el que habla sobre la creación de un estándar europeo sobre Integridad Empresarial. En principio, veo negocio, otro sello. Aunque no pretendo escribir sobre eso. Sigue leyendo “Esto es imposible.”

Sobre sesgos cognitivos.

 

cognitive hazard“Sesgo cognitivo, prejuicio cognitivo o predisposición cognitiva son expresiones usadas para describir alteraciones en la mente humana que son moderadamente difíciles de eliminar y que llevan a una distorsión de la percepción, a una distorsión cognitiva, a un juicio impreciso o a una interpretación ilógica.

Se trata de un conjunto de fenómenos, en general, estudiados por la psicología cognitiva, todos con soporte empírico, y no se deben confundir con lo que comúnmente se entiende como «prejuicio». Así, mientras un prejuicio social (por ejemplo, cualquier forma de sexismo) se atribuye a un apasionamiento subjetivo y consciente a favor o en contra de algo sin que existan argumentos suficientes para sustentar esta posición (en tal caso, más bien, objeto de estudio de la ética), un prejuicio cognitivo es un fenómeno psicológico principalmente involuntario que sesga el procesamiento de la información (como la tendencia inconsciente y generalizada a entender un precio de $999 como inferior a $1000, cuando la diferencia es prácticamente irrelevante a la hora de pagar). Se trata de tendencias y comportamientos inconscientes que nos condicionan al intentar analizar la realidad.”
(Wikipedia)

Sigue leyendo “Sobre sesgos cognitivos.”

¡El Neoliberalismo, estúpido!

corrup2Prácticamente todos recordamos la frase original que el asesor de Bill Clinton, James Cerville, ideó para la campaña de las presidenciales de 1992: “La economía, estúpido”. Pues para explicar la corrupción que existe en nuestro país con este pequeño cambio en la frase es suficiente. El tipo de corrupción al que nos enfrentamos poco tiene que ver con la que nos mostraban en las series norteamericanas de los noventa. Funcionarios sudorosos en países latinoamericanos que cobraban pequeñas cantidades de dinero por hacer, o acelerar, algún procedimiento. El monstruo al que nos enfrentamos es mucho más grande y tiene que ver con la sustitución del Estado de Bienestar por el Neoliberal o Asistencial.

En 1989, el británico John Williamson publicó un artículo en el que se enumeraban una serie de medidas que debían estabilizar aquellas economías con fuertes deudas externas. Hoy lo conocemos como Consenso de Washington. Entre estas medidas se encontraban la privatización de servicios públicos, liberalización del mercado laboral, abrirse al comercio exterior y disminuir los requisitos para la inversión directa extranjera.

Alrededor del sector público se han generado numerosos casos de corrupción. Su conocimiento y su tratamiento en los medios están generando una percepción de impunidad que está erosionando un sistema democrático, ya bastante precario de origen. En un estudio realizado por David Hall titulado “Sobre la corrupción y la captura del Estado” (“Dealing with corruption and state capture”) se explica muy claramente cómo se crean incentivos para que la corrupción aparezca.

Cuando se privatiza parte del sector público, se dejan de prestar ciertos servicios que pasan a manos privadas. En algunos casos se licitan pequeños monopolios que permiten unos beneficios seguros, como podría ser la gestión del agua en una localidad. Algunos de estos contratos suponen una entrada de dinero para la administración que lo privatiza por un tiempo que en algunos casos llega a los 20 años. El incentivo para participar en este proceso es muy grande para cualquier empresario, lo que lleva a prácticas no demasiado éticas e incluso, ilegales.

Otro caso sería el de la externalización de servicios. Muchos negocios han estado funcionando gracias a que algunos trabajos que antes realizaba la administración ahora los subcontrata a empresas privadas bajo el paraguas de la eficiencia de gasto. En estos casos un menor gasto público es posible gracias a la desregulación del mercado laboral. Las empresas participan con ofertas competitivas gracias a las malas condiciones, pero legales, de trabajo de sus empleados. Se han cambiado funcionarios con derechos por empleados con derechos mermados.

En cuanto a las grandes obras públicas, las empresas que se dedican a este sector han tenido que afrontar unos elevados costes fijos para poder competir en el sector, lo que las lleva a luchar por estos contratos con virulencia y con muchos incentivos a pagar comisiones para conseguirlos.

Estos asuntos nos conducen a lo que se conoce como “Captura del Estado”.  Es la Gran Corrupción, la que se da entre las élites empresariales y políticas.  Puede incluir tanto redes clientelares como pago esporádico de sobornos, lo que haga falta para la obtención de esos contratos. Pero, ¿y si se puede influir en la legislación para que el supuesto “gobierno de la mayoría” acabe beneficiando a sólo unos pocos? En este punto se hace obligada la diferencia entre lo que es el trabajo, legítimo, de los grupos de presión en democracias pluralistas y lo que es corrupción. La corrupción aparece cuando se juntan dos necesidades, la de financiación de los partidos políticos que sustentan el poder legislativo, y la de influencia en este proceso, por parte de grandes empresarios. Lo más interesante de este tipo de corrupción es que mediante esta influencia lo que se consigue es hacer legal comportamientos poco éticos para la mayoría.

El sistema acostumbra a echar la culpa a la sociedad. Nos dicen que los españoles somos por esencia corruptos, como los demás países mediterráneos. Pero antes lo fueron en Latinoamérica, también en Asia, en África. Allí por donde ha pasado el rodillo neoliberal ha aparecido una sociedad corrupta. ¿No es demasiada coincidencia? En mi opinión las sociedades corruptas dan lugar a pequeñas corruptelas, pero la Gran Corrupción tiene que ver con los perversos incentivos que el propio sistema ha creado para su propia reproducción.

Las soluciones que se proponen para este tipo de corrupción pasan inexcusablemente por desactivar esos incentivos. En nuestro país se está trabajando en la línea de la transparencia en la administración con la Ley 19/2013 de Transparencia, Acceso a la información y Buen Gobierno, que con muchas limitaciones ha supuesto un avance. También se ha modificado la Ley de financiación de partidos (Ley 5/2012) con la que se endurecen las condiciones para el acceso a ciertos créditos, así como se pone límite a su condonación. Se introdujo una enmienda en el Código Penal, en el que no sin pocas lagunas jurídicas, se creaba el delito de corrupción privada (Ley 5/2010).

A pesar de todo lo dicho, parece insuficiente para lograr erradicar este problema. Hay que exigir un mayor compromiso por parte empresarial. No sólo sirve decir que se está en contra de la corrupción sino que hay que ser proactivo en su lucha y la transparencia de información relacionada es muy importante. Según el estudio de la información que aparece en las memorias de sostenibilidad que publican las empresas del IBEX35, elaborado por el Observatorio de RSC, la calidad referida a este tema es pésima (1.11 sobre 4).

La sociedad debe también tomar cartas en la resolución de este problema. Un pequeño paso se ha dado el pasado 24 de mayo con la penalización en las urnas a los partidos salpicados por la corrupción. Pero se debe exigir también a las empresas, ya que a falta de legislación, sólo responderán a la exigencia de más y mejor información si perciben la presión ciudadana. Nada cambiará si esperamos que otro lo cambie.

Este artículo refleja exclusivamente la opinión de su autor.

Discurso, poder e ideología

Participants leave the Congress Center the last day of  the 43rd Annual Meeting of the World Economic Forum, WEF, in Davos, Switzerland, Saturday, Jan. 26, 2013. (AP Photo/Keystone/Laurent Gillieron)
Participants leave the Congress Center the last day of the 43rd Annual Meeting of the World Economic Forum, WEF, in Davos, Switzerland, Saturday, Jan. 26, 2013. (AP Photo/Keystone/Laurent Gillieron)

El neoliberalismo, paso a paso, va avanzando dentro de Europa siguiendo diferentes estrategias: Algunas contundentes, como el chantaje al pueblo griego, y otras más sutiles, como su implantación en lo currículos educativos de los países (la LOMCE en España), o la conquista de la opinión pública a través de los medios de comunicación. Es realmente paradójico observar como una ideología tan beneficiosa para muy pocos y, por tanto, tan perjudicial para muchos, consigue imponerse de esta manera.

Parece ser que los medios de comunicación de masas se han convertido en una herramienta esencial en la propagación del discurso neoliberal. Puesto que como ya identificó Michel Foucault, existe una relación entre discurso, poder y a la vez, con el saber. El discurso legitima el poder y este último institucionaliza el saber, con el que se decide que es y que no es verdad, y aquello permitido, o no, para quien ostenta el poder.

El lenguaje no es neutro sino que sirve para construir diferentes realidades y con ellas ejercer formas de poder que bien pretenden perpetuar la actual hegemonía, en el caso de las clases dominantes, o bien derrotarla, en el caso de las clases dominadas. El Pensamiento Único (término acuñado por Ignacio Ramonet) hace uso de las herramientas del lenguaje para acabar influyendo en la mente de la sociedad y así legitimar su forma de actuar. En concreto, John B. Thompson en su obra “Ideología y cultura moderna”  identifica cinco formas a través de las cuales la ideología opera a través del discurso.

Una primera forma sería la de presentar la forma de dominación como justa. Con este fin, se racionaliza cualquier acto creando una cadena de razonamiento que lo justifique. Un ejemplo podría ser el siguiente:

“Nosotros definimos competitividad como el conjunto de instituciones, políticas, y factores que determinan el nivel de productividad de un país. El nivel de productividad, a su vez, establece el nivel de prosperidad que una economía puede alcanzar. El nivel de productividad también determina las tasas de rendimiento obtenidas por las inversiones (…) elementos esenciales para su tasa de crecimiento. En otras palabras, una economía más competitiva es probablemente una economía que crecerá más rápido en el tiempo.” The Global Competitiveness Report 2014–2015 (p.4)

Si nos fijamos está justificando claramente cualquier recorte y ajuste en las economías si con ello los negocios van bien, pues sólo así las economías irán mejor. Muy parecido al discurso del Presidente Rajoy según el cual sufrimos hoy para un mañana más próspero. Es decir, nos presentan algo que beneficia a unos pocos como algo bueno para la sociedad e incluso, si es necesario, se construye toda una historia que justifique una determinada posición. Este último caso sería el de que los habitantes del Sur de Europa somos unos irresponsables por habernos endeudado, sin decir en ningún caso que también existió irresponsabilidad en las economías del Norte cuando nos prestaron.

Otra forma en la que el uso del lenguaje sirve para la ideología, es escondiendo o disimulando la relación de dominación. Esta crisis nos ha dejado un lenguaje plagado de eufemismos, “reformas”, “externalización”, etc. (lean “Las palabras que la crisis nos dejó”). Aunque también recursos típicamente literarios como la metáfora, la metonimia y la sinécdoque son útiles para estructurar nuestros pensamientos. Si algo va mal y hay que tomar medidas nos viene rápidamente a la mente “apretarse el cinturón”.

La tercera forma, denominada unificación, consiste en crear un tipo de unidad independientemente de las diferencias individuales que conforman el grupo. Una acepción de “sociedad civil” parece esconder dentro de la misma denominación a grupos de individuos que dejan de conformar clases sociales, grupos económicos, incluso ONG’s creadas por la clase dominantes y pasan a ser un solo grupo con iguales derechos y obligaciones. (Pueden leer “Una crítica a la ideología de la “sociedad civil“)

La fragmentación es una forma de romper relaciones que pueden ser amenazantes para las clases dominantes. Existen gran cantidad de ejemplos ya que resulta una forma de expandir esta ideología de forma efectiva y rápida. Cuando nos muestran a sindicalistas comiendo gambas en día de manifestación se pretende demostrar que no defienden los intereses de los trabajadores. O cuando justifican el alto paro porque los sindicatos defienden los intereses de los que están trabajando y no de los parados. El motivo es claro: Los sindicatos son una amenaza para el orden hegemónico pues ostentan una posición y una estructura que puede hacer sombra a la clase dominante.

La cosificación es una herramienta muy usada, pues nos hablan de “adaptarnos al fenómeno de la Globalización” como si esta última fuera algo natural y no estuviera promovida por decisiones políticas. O “los mercados”, famosos ellos, pues han sustituido a los gobiernos legítimamente elegidos.  (Pueden leer, “Los mercados tienen nombre y apellidos”)

Con todo, estas estrategias que son repetidas en forma de bucle por los medios de comunicación de masas y están reforzadas por una serie de intelectuales al servicio del mainstream van creando un estado de opinión pública bastante lejano de lo que se consideraría una sociedad crítica. Según Ignacio Muro, en una ponencia titulada “Comunicación y poder en el capitalismo global. El papel de los medios” los medios han dejado de formar parte de la superestructura ideológica (presupuesta por Gramsci y la Escuela de Frankfurt) y han pasado a ser poder económico. Un ejemplo de cómo los medios legitiman a esta ideología sería lo ocurrido hace pocas semanas con el Foro Económico Mundial de excusa. Miren la “coincidencia” de titulares en medios:

Es probable que sea esto lo que explique como una sociedad de dominados continúa haciendo el juego a los dominadores. En su “Filosofía de la Liberación”, Enrique Dussel habla sobre la importancia de construir un discurso desde y para los dominados. Los silenciados por el sistema deben revelarse contra él, crear un discurso que contradiga la verdad actual y que llegado el momento pueda sustituirla. Ello requeriría del reconocimiento de uno mismo como dominado y tomar conciencia de clase, salir a la calle, compartir espacios. Parece muy lejano.

Y es que “cuando todos piensan igual es que nadie está pensando” (Walter Lippman)

Este artículo refleja la opinión y es responsabilidad de su autor. Economistas sin Fronteras no necesariamente coincide con su contenido.

Artículo publicado en:

Eldiario.es/ZonaCritica

Blog de Economistas Sin Fronteras

Echemos la vista atrás con la #RSC


El mundo de la RSC debería hacer una reflexión sobre el sentido de la misma. Efectivamente, parece como si el día a día hubiese borrado de un plumazo aquello que ha llevado a la aceptación de esta materia como algo útil para el desarrollo sostenible.
Sea quizás culpa de lo abierta que quedó la definición del concepto Desarrollo Sostenible en el Informe Brundtland de 1987. Recordemos:
“aquel desarrollo que permite satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras”
¿Qué entendemos por necesidades? ¿Cuántas generaciones futuras? ¿Qué significa desarrollo? 

Si recordamos aquella época, al menos en mi caso, las imágenes que me vienen a la cabeza son la hambruna en África y la implicación de multinacionales americanas en abusos de poder en Latinoamérica. Incluso, añadiría, veníamos de la participación de empresas transnacionales en la instauración de dictaduras como la de Chile, por ejemplo.
¿Pueden las empresas ayudar a la Humanidad en conseguir el ansiado objetivo del desarrollo sostenible?
Si existe algún acuerdo generalizado, es que es la propia actividad humana la que está provocando el cambio climático. La actividad realizada a través de las empresas es insostenible por varios aspectos, uso de recursos, generador de desigualdad, como ejemplo.
Con todo, la RSC pareció ser un elemento que podía conducir al cambio necesario desde la empresa para la consecución del citado objetivo. La corriente más numerosa apostaba por que el cambio no debía producirse de forma revolucionaria, sino más bien, progresiva. Pero bien, siempre que se vea una voluntad clara, desde la empresa, por cumplirlo.
Desde siempre y desde posiciones más radicales (socialismo, ecologistas y feministas radicales), siempre se ha dudado de la RSC como estrategia que pudiese solucionar nada. Las posiciones más partidarias del statu quo, van más allá y dudan de la necesidad de cumplir con otros objetivos diferentes a los máximos rendimientos para los accionistas.
¿Existe el compromiso por parte de la empresa con el cambio necesario?
Una cosa es lo que se dice y otra, muy diferente, los resultados. En una entrada del blog “Menos samba y más trabajar o Informes de (II)” y alguna noticia no muy antigua “Nuevo récord de emisiones de CO2” que hace dos años ya se escribió igual “Nuevo récord de emisiones de CO2″, ya se vislumbra que los hechos no van en consonancia con las palabras. En el 1992, el mundo de los negocios se comprometió a trabajar por erradicar la pobreza y por la conservación del medio ambiente, parece tiempo suficiente.
Por tanto, podemos renunciar a la RSC, no por inútil, sino por la captura que se ha hecho por parte de los poderes partidarios del statu quo. Para ello podemos adentrarnos en el estudio de las posturas más radicales, según intereses, o por el contrario, dejarnos llevar por el tsunami neoliberal.Sería una pena, pero es demasiado importante el objetivo final como para perder el tiempo. Lo que no podemos es cerrar los ojos como si no pasara nada.
 Nosotros mismos.
@Paco_Cervera
@ResponsEcon