Amancio Ortega, héroe o villano.

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Durante esta semana se ha dado un debate en España entre los partidarios de la donación de la Fundación Amancio Ortega y los que se oponen. Muy patria la forma en la que se ha dado el debate, primero opinando y después insultando. Pues nos faltaría una tercera fase (aunque no en este orden) que sería el análisis crítico del asunto que nos concierne, la filantropía.

Filantropía, etimológicamente, significa amor por la especie humana y tiene su expresión en la ayuda desinteresada a los demás. Esto, es, dar sin esperar nada a cambio. Rebuscando en la historia del concepto y en la evolución de su significado, parece como si la filantropía fuese sinónimo de lo que los cristianos llamamos caridad, aunque no es exactamente lo mismo. La caridad busca la solución inmediata de un problema, porque “los cristianos amamos a Dios y a los demás como a nosotros mismos”, pero su impacto desaparecerá al poco tiempo. Por ejemplo, si dono ropa o comida a personas necesitadas, el efecto en el tiempo de esta donación queda limitado a la vida útil de la comida o ropa, pero no soluciono el origen del problema. Pero existe un tipo de caridad que es el que da forma a la filantropía, es la que pretende no sólo aliviar un problema social sino solucionarlo. Una metáfora muy utilizada es la de dar pescado al hambriento o darle una caña de pescar.

La caridad la podemos hacer los pobres, pues no se necesitan demasiados recursos puesto que su propósito es simplemente aliviar. En cambio, los filántropos son gente con muchos recursos cuyas donaciones pretenden y pueden[i] impactar de manera notable y obtener unos resultados significativos.

En la actualidad se habla de filantrocapitalismo, esto es, dotar a las donaciones filantrópicas de la estructura de inversión (de impacto) y obtener de ella, además de un impacto social o medioambiental medible, un rendimiento financiero. Dicho de forma más clara, te ayudo dándote la caña para que pesques pero, además, gano dinero con ello. De ahí el nacimiento de todo el tema de emprendimiento social e inversiones de impacto. Los filántropos más jóvenes van más en la línea del filantrocapitalismo que de la filantropía más tradicional.

En relación con este concepto, algunas lecturas que me han parecido interesantes:

Nuevos ricos, ¿nueva filantropía?

The birth of philanthrocapitalism

Daily News Roundup: Billionaire LinkedIn Co-Founder Defends Modern Philanthropy

¿Quiénes son estos filántropos?

Desde una perspectiva mundial acostumbran a ser norteamericanos y que han tenido mucho éxito en los negocios. Ejemplos como los Gates, Soros, Buffett, Zuckerberg, nos dan una idea de sobre quienes estamos hablando.

Más ejemplos en este enlace.

Por ejemplo, el señor Buffett donó el 99% de su riqueza a la Fundación del matrimonio Gates. El creador de Facebook, también donó el 99% de las acciones al ser padre para causas benéficas.

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Supongo que nadie en su sano juicio puede considerar estos actos como algo malo, aunque deberíamos, antes de calificar un acto, analizarlo de manera razonada.

Aquellos que hemos profundizado en el estudio de la inversión socialmente responsable (ISR) entendemos que el dinero sirve para cambiar el mundo para bien, de la misma forma que algunos lo utilizan para hacer el mal.

Pero esta visión no está reñida, ni debe estarlo, con la cautela de preguntarse de dónde ha salido el dinero. Y que la forma de conseguir esa riqueza puede entrar en contradicción con aquello que consideramos justo.

Si volvemos al asunto que ha dado pie al post, podemos analizar si la forma de ganar dinero del Sr. Ortega es adecuada según nuestras normas morales. Algunos le consideran un emprendedor que nació de la nada y ha construido un imperio gracias a su tesón y saber hacer. Aunque esta visión entra en conflicto con aquellos que observan que esa forma de ganar dinero está ineludiblemente ligada a abusos laborales, ingeniería fiscal y la deslocalización empresarial.

No cabe duda que tener una opinión fundamentada sobre estas donaciones no es tarea sencilla. Evidentemente yo tengo la mía, algunos me calificarían de “gilipollas”, pero del mismo modo que considero que los que opinan lo contrario no dejan de ser lacayos de los señores del sistema. Pero os aseguro que tengo dudas.

Os enlazo algunas noticias que me han servido para formar mi opinión y que, quizás, algunos deberían leer:

Inditex eludió el pago de 585 millones en impuestos gracias a su ingeniería fiscal, denuncia un informe

Las rebajas (fiscales) de Inditex: el gigante textil eludió 585 millones en impuestos gracias a la ingeniería fiscal

Inditex ‘made in Marruecos’: 65 horas de costura a la semana por 178 euros al mes

Reportaje de la BBC exhibe abusos laborales de refugiados sirios trabajando para grandes marcas de ropa en Turquía

Brasil acorrala a Inditex: detectados otros 30 talleres de ‘esclavos’ vinculados a Zara

Trabajo esclavo en la India: tres empresas españolas están incluidas en la ‘lista negra’

Inditex: a costa del sudor de las costureras gallegas

Quiero poner de relieve que ser agradecido y aceptar una donación de maquinaria de un magnate no debe hacerse con los ojos cerrados y deberíamos analizar si todo el proceso de la donación tiene garantías de ser limpio. No debemos quedarnos con la función a la que se destinará la donación, sino considerar si la forma de conseguir esa riqueza entra dentro de nuestros criterios morales. Como ejemplo podríamos hacernos las mismas preguntas sobre la actividad filantrópica de Joaquín “el Chapo” Guzmán[ii], porque la tenía.

“El Chapo”, filántropo

Además, es de persona sensata preguntarse por el impacto de esa actividad filantrópica. Es decir, si va directa a solucionar algún problema social importante o, simplemente, son campañas de promoción de imagen pública de estos megáricos.

Por qué hay polémica cuando un rico dona dinero en España

En el caso de la donación de Ortega, una asociación de médicos se ha mostrado crítica con la misma por sus efectos indeseados sobre la sanidad y sus procesos.

A modo de conclusión, no toda donación debe aceptarse ni tampoco considerarse positivo su efecto. En este caso, al menos, se requiere un estudio previo de la necesidad que se pretende cubrir y, también, de la forma en que se ha generado ese dinero que ahora podríamos estar “blanqueando”. Lo dicho ni gilipollas ni benefactor, todo requiere de un análisis.

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¿Y si los gilipollas fueran ellos?


[i] Esta capacidad para solucionar problemas es muy opinable. Aquellos que opinamos que muchos de los problemas actuales tienen que ver con la propia dinámica del Capitalismo, vemos en la filantropía, simplemente, una caridad de ricos.
[ii] Entienda el lector que el ejemplo es suficientemente llamativo para provocar contradicción. En ningún momento considero comparables a personajes como Guzmán y Ortega.
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