Echemos la vista atrás con la #RSC


El mundo de la RSC debería hacer una reflexión sobre el sentido de la misma. Efectivamente, parece como si el día a día hubiese borrado de un plumazo aquello que ha llevado a la aceptación de esta materia como algo útil para el desarrollo sostenible.
Sea quizás culpa de lo abierta que quedó la definición del concepto Desarrollo Sostenible en el Informe Brundtland de 1987. Recordemos:
“aquel desarrollo que permite satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras”
¿Qué entendemos por necesidades? ¿Cuántas generaciones futuras? ¿Qué significa desarrollo? 

Si recordamos aquella época, al menos en mi caso, las imágenes que me vienen a la cabeza son la hambruna en África y la implicación de multinacionales americanas en abusos de poder en Latinoamérica. Incluso, añadiría, veníamos de la participación de empresas transnacionales en la instauración de dictaduras como la de Chile, por ejemplo.
¿Pueden las empresas ayudar a la Humanidad en conseguir el ansiado objetivo del desarrollo sostenible?
Si existe algún acuerdo generalizado, es que es la propia actividad humana la que está provocando el cambio climático. La actividad realizada a través de las empresas es insostenible por varios aspectos, uso de recursos, generador de desigualdad, como ejemplo.
Con todo, la RSC pareció ser un elemento que podía conducir al cambio necesario desde la empresa para la consecución del citado objetivo. La corriente más numerosa apostaba por que el cambio no debía producirse de forma revolucionaria, sino más bien, progresiva. Pero bien, siempre que se vea una voluntad clara, desde la empresa, por cumplirlo.
Desde siempre y desde posiciones más radicales (socialismo, ecologistas y feministas radicales), siempre se ha dudado de la RSC como estrategia que pudiese solucionar nada. Las posiciones más partidarias del statu quo, van más allá y dudan de la necesidad de cumplir con otros objetivos diferentes a los máximos rendimientos para los accionistas.
¿Existe el compromiso por parte de la empresa con el cambio necesario?
Una cosa es lo que se dice y otra, muy diferente, los resultados. En una entrada del blog “Menos samba y más trabajar o Informes de (II)” y alguna noticia no muy antigua “Nuevo récord de emisiones de CO2” que hace dos años ya se escribió igual “Nuevo récord de emisiones de CO2″, ya se vislumbra que los hechos no van en consonancia con las palabras. En el 1992, el mundo de los negocios se comprometió a trabajar por erradicar la pobreza y por la conservación del medio ambiente, parece tiempo suficiente.
Por tanto, podemos renunciar a la RSC, no por inútil, sino por la captura que se ha hecho por parte de los poderes partidarios del statu quo. Para ello podemos adentrarnos en el estudio de las posturas más radicales, según intereses, o por el contrario, dejarnos llevar por el tsunami neoliberal.Sería una pena, pero es demasiado importante el objetivo final como para perder el tiempo. Lo que no podemos es cerrar los ojos como si no pasara nada.
 Nosotros mismos.
@Paco_Cervera
@ResponsEcon
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