Desconfianza. Un lastre para la economía.

Si de algo estamos seguros los economistas en esta crisis provocada por el COVID19 es que todo es incierto. Al no poder predecir el comportamiento del virus no podemos aproximar, a un nivel aceptable, las consecuencias económicas.

Si sabemos que está teniendo un impacto sobre la oferta y sobre la demanda agregadas. Conocemos que había empezado a influir en el coste de financiación, pero el BCE estuvo rápido e implementó sus medidas no convencionales. Sin ir más lejos, ayer (19/05/2020), Lagarde dió otra muestra más de que el BCE va a estar cuidando el sector financiero europeo (forward guidance). Aunque hasta el amor más intenso se puede acabar.

El problema que se observa en el horizonte es el tiempo. ¿Cuánto tiempo podrán los estados mantener los estímulos fiscales para mantener la demanda? ¿Cuánto tiempo podrán mantener las ayudas a las empresas para que no cierren?

En este sentido, debemos tener en cuenta las expectativas del sector privado, pues sería este el que debería coger el relevo del público para relanzar la actividad económica. El Índice de confianza Empresarial, publicado por el INE, ya mostraba el pasado 16 de abril como la confianza de las empresas había disminuído este segundo trimestre un 26.9% respecto al primero. El Índice de confianza Empresarial Armonizado (ICEA) se situaba en su nivel más bajo, 95.5, desde el principio de la serie en 2013.

Los consumidores tampoco muestran especial confianza en la situación económica. Según el Índice de Confianza del Consumidor, elaborado por el CIS, en el mes de abril, se situaba en 49.9 puntos, cayendo respecto a marzo debido sobretodo al impacto de la situación actual más que a las expectativas, que también descendían pero muy poco. Hay que señalar que estos datos son muy malos, comparables con los que hubo en el 2008 y 2012 (gráfico).

Fuente: ICC. CIS.Abril 2020

La preocupación que existe detrás de estos datos son la evolución de la economía, pero, especialmente, la del mercado de trabajo.

Y algunos datos más que ahondan en esta preocupación son los que proporcionó el CIS en su barómetro de mayo. Huelga cualquier comentario.

Fuente: Barómetro Mayo 2020. CIS

Esperaremos a ver cómo se comporta el virus durante este verano. La posibilidad de vivirlo con más o menos normalidad influirá bastante en un cambio de viento en la economía. Pero no perdamos de vista que nuestro comportamiento actual va a condicionar nuestra situación futura. Seamos responsables nos interesa a tod@s.

En mi opinión, la V se aleja.

¿Quién pagará la crisis económica del Covid-19?

El impacto del Covid-19 sobre la economía, al igual que sobre nuestra salud, está sujeto a una enorme incertidumbre. Un shock de oferta a la vez que un shock de demanda. Menos mal que las tensiones financieras parecen apaciguadas tras las intervenciones de los bancos centrales. Las previsiones que están saliendo publicadas por organismos nacionales e internacionales son enormemente llamativas. En primer lugar, por las espectaculares bajadas en el PIB este año 2020 y, en segundo, por las tasas de crecimiento para el 2021.

Fuente: Situación España. Segundo trimestre 2020. BBVA Research.

Las previsiones del FMI nos dicen que este año la economía española caerá un 8% mientras que el crecimiento para el 2021 será del 4.3%. En cambio, el BBVA Research augura un crecimiento mayor para el 2021, del 5.7%. Entendamos todo esto bajo la incertidumbre antes citada.

Perspectivas de la Economía Mundial, abril de 2020 -- Capítulo 1

Aunque el motivo de esta entrada no es tanto la evolución del crecimmiento económico, sino la preocupación sobre cómo vamos a pagar las medidas que se están tomando para intentar que el impacto de esta crisis no sea tan duro como el sufrido por la Gran Recesión.

Además debemos preveer cuál va a ser el impacto sobre el empleo, puesto que este factor continúa siendo el más importante para la obtención de renta por parte de la población.

Fuente: Situación de España. Segundo trimestre 2020.

Las medidas que están tomando los gobiernos en la Eurozona son, mayormente, de carácter fiscal y apoyadas, suficientemente, por medidas monetarias del BCE. En España, la manida frase “sin dejar a nadie atrás” de la coalición de gobierno y los referentes en otros territorios debe tenerse en cuenta. Si nos fijamos en la tabla anterior, el BBVA prevé un incremento espectacular del déficit público hasta el 10.8% y una reducción hasta el 6.7% para el 2021. Si tenemos en cuenta la deuda pública es posible que se acerque el 120% del PIB en España, con el impacto que puede tener sobre la prima de riesgo.

Donde quiero ir es a señalar que la frase “sin dejar a nadie atrás” no debe sostenerse sólo en el gasto público, que en definitiva tiene como objetivo que la reproducción capitalista siga su curso. Es importante, y no lo veo por ningún lado, que se especifique quién pagará ese incremento del gasto, de la deuda y del déficit, porque si tenemos en cuenta la experiencia y el resultado de las negociaciones en el seno de la UE, todo parece indicar que se acercan ajustes (recortes) más pronto que tarde. Y no es ideología, es sistema. Si necesitamos dinero que no generamos, nos tenemos que endeudar. Si nos endeudamos tendremos que ser atractivos para quienes nos tienen que comprar esa deuda. Es el mercado, amigos.

Es entonces cuando nos tenemos que plantear generar más ingresos para que los “ajustes” sean lo menos dolorosos posible. El Gobierno tras sus tenebrosas predicciones ha hablado de implementar los impuestos verdes, un impuesto a las transacciones financieras y la tasa Google.

Si queremos que “nadie se quede atrás” y siguiendo el mandato constitucional (artículo 31) deberíamos conseguir que aquellos que más tienen paguen no sólo más, sino tambien mayor proporción que aquellos que menos tienen. Progresividad se llama y ha sido la base de las economías de bienestar europeas.

Fuente: Observatorio sobre el reparto de los
impuestos entre los hogares españoles. Estudios sobre la economía española 21/2016 (Fedea)

Es importante, también, saber cuánto pagan las empresas en España diferenciando por tamaño, medido según criterios de la Comisión Europea, y por sector de actividad.

Sociedades
Fuente: Las grandes empresas pagan un tipo real de Sociedades del 16% por su negocio español

Sobre estos datos deberíamos plantearnos una reforma fiscal marcadamente progresiva como ya se está exigiendo desde sindicatos (véase CCOO) y otras organizaciones sociales. Y para que no hubiese un debate interminable sobre números más o menos maqueados, podría planterase desde el Gobierno una exigencia de información no financiera a las empresas. En esta información, obligada, las empresas deberían informar a la sociedad de su huella fiscal real, sin incluir subterfugios varios como incluir les impuestos que retiene a sus trabajadores.

Fuente: https://blogs.serviciosccoo.es/responsabilidad-social/2020/02/19/el-orden-fiscal-y-el-sentido-de-la-vida/

Y es muy importante esta medida, más de lo que pueda parecer a simple vista, puesto que nos daría una visión general del sostenimiento del Estado de Bienestar y entender, de manera ponderada, ciertas propuestas económicas que se lanzan desde grupos de presión empresariales.

Desde Unidas Podemos se ha propuesto la creación de un impuesto extraordinario sobre la riqueza de grandes fortunas para sufragar parte de las medidas anti-COVID19. Aunque no comparta lo de “extraordinario” entiendo esta condición. No parece que a las responsables de Economía y Hacienda es vaya de gusto esta propuesta, pero las propuestas esgrimidas hasta el momento parecen insuficientes para evitar que se queda alguien atrás.

Existe la visión de medir un presupuesto de izquierdas según la proporción de gasto social que hay en él y se olvida una parte vital, quien paga este gasto y, por tanto, el control del ingreso. Mientras no se genere una información veraz y verificable sobre la carga fiscal de los diferentes agentes económicos y, por ende, sobre los diferentes factores productivos, cualquier reforma fiscal estará basada en suposiciones. El riesgo que se genera es el debate político y público de mala calidad centrado en datos interesados.

La democracia requiere de datos ciertos y certificables (cuidado con los certificadores, también) para un debate de ideas y no de números. Por que las ideologías existen en tanto en cuanto existen intereses opuestos en la sociedad. La ciencia tiene ideología y, en demasiadas ocasiones, coincide con la de la clase en el poder.

PS. Podéis leer esta entrada en el Blog de José Carlos González titulada Propuesta de Huella Fiscal.

Liberad a la #RSE

El Green New Deal (GND) y el Covid-19 parecen haber despertado de su letargo al mundo de la RSE. ¡Bien! Como Oscar Wilde afirmó sólo hay algo peor a que hablen mal de ti y es que no hablen. Y ciertamente, a la RSE se la comió un gato.

Desde hace años algunos de los gurús de la materia mostraron su frustración sobre su evolución y es lógico, entre las bondades predicadas los impactos fueron más bien decepcionantes. No será porque no se le dio vueltas al “conceto” (ya alguien me entenderá) y se debatió sobre sus esencias; ni porque se usó su acrónimo para bautizar miles de iniciativas que se subieron al boom. No será por la falta de financiación pública a esta idea. No será por el dinero invertido en grandilocuentes campañas de maquillaje responsable por parte de las grandes compañías. No será…

Y ahora, de nuevo, todo vuelve a rebrotar al albor de nuevas subvenciones que se intuyen en el horizonte. El Pacto Verde Europeo y la promesa de un GND español despierta ese característico olor a pasta que muchos ansiaban después de la época de escasez. Pues bien, ahí los tenemos de nuevo pontificando: “Que ahora sí que es la buena. Confiad en mi”.

Y quiero permitirme una duda. Gran duda. Infinita. Y más porque siempre he sido de aquellos “molestos” que había que “apartar”, ahora me merezco dudar. Aunque, no sólo por eso, sino también por simple observación. Si cuando se celebró el décimo aniversario del desarrollo de la RSC en España nada había cambiado (más bien pequeñas políticas, muy bien dirigidas por el Gobierno de antaño), ¿qué ha cambiado en estos últimos años para que ahora pueda triunfar? Permitidme afirmar que NADA. Las debilidades continúan ahí. La primera, tener a zorros cuidando del corral. La segunda, la falta de interés por parte de quienes tenían que vigilarlos.

Entonces, ¿qué?

Pues, entonces, nada. La RSC continúa siendo una idea con fuerza, pero en manos de gente que no puede (o quiere, vete tú a saber) desarrollarla en su totalidad. El secuestro corporativo del concepto y su aplicación “controlada” lo han impedido. La necesidad ha actuado de freno para quienes podrían haber hecho algo más y los de “la otra RSE” nos recogimos para no “molestar”.

En cambio, la “otra RSC” va a ser necesaria si queremos cambiar el sistema hacia otro más sostenible. Necesitaremos MEDIR con KPIs MEDIBLES, CUANTIFICABLES, ESPECÍFICOS, TEMPORALES Y RELEVANTES. Ese es el camino y ya ha sido recorrido por algunas personas.

El Estado debe huir de los vendedores de crecepelos para centrarse en los objetivos. No hay tiempo para mangoneos diversos, es hora de actuar. El camino lo estamos testando en la lucha contra el Covid-19. Radical y directo.

¿No lo veis? ¿No queréis verlo?

El Green New Deal. Retos y oportunidades.

Mi colaboración con Economistas sin Fronteras. Publicado en cuartopoder.es (Enlace)

Resulta evidente que el crecimiento económico no es, ni debe serlo, el único componente para medir el progreso social. Ahora bien, sin serlo, continúa ocupando el principal escalafón dentro de nuestro imaginario y es por eso, que cuesta entender que se puede progresar sin crecer económicamente, al menos midiendo este crecimiento como incremento del PIB. Tan es así, que nos dirigimos, cual conductor suicida, hacia la catástrofe social y medioambiental y, todavía, tenemos dudas de si debemos implementar cambios o, mejor dicho, en que intensidad debemos implementarlos para salvarnos del colapso.

Gran auge, no sin razón, ha adquirido la emergencia climática. La lucha contra los efectos del Cambio Climático se ha posicionado en la agenda política mundial y, según parece, será el eje central alrededor del cual deben girar el resto de las políticas. Las razones que hay detrás de este repentino ecologismo son diversas, desde la preocupación por dejar un Planeta Tierra en las condiciones tan malas a las generaciones futuras o, claro está, el riesgo que supone una crisis de esta índole para el propio sistema, podrían ser ejemplos de esa diversidad.

La estrategia de lucha política contra el Cambio Climático que más consenso parece tener es la que se ha venido a denominar el Green New Deal (GND). En resumen, a través de una acción decidida del sector público, en colaboración con el sector privado, se van a destinar ingentes cantidades de recursos económicos y esfuerzos normativos para conseguir un cambio en el modelo energético y pasar de uno contaminante, el actual, a otro neutral en cuanto a emisiones para 2050. Este cambio radical en cuanto a los tipos de fuentes energéticas y, también, en cuanto a la intensidad de uso de los recursos va a suponer unos costes elevados y sobre quién va a recaer el esfuerzo va a ser un asunto político de vital importancia. Los acuerdos transversales acostumbran a tener un efecto aglutinador sobre la sociedad, que permite a los gobernantes tomar medidas poco comunes bajo el paraguas de la extrema necesidad. Las dudas que debemos plantearnos son si esas medidas van a ser “poco comunes” en cuanto que pretenden cambiar el sistema o, en cambio, lo serán en tanto que van a actuar como medio de adaptación del sistema a las nuevas circunstancias. Como casi todo en política va a depender de la correlación de fuerzas y de la presión social que tumben las medidas hacia uno de los lados o hacia el otro.

Dejemos claro que los cambios que se vayan a emprender deben ser decididos e irreversibles. Primero, no existe mucho margen para el error y, segundo, sería un despilfarro de recursos que agravaría aún más el problema que se pretende solucionar. Teniendo esto en cuenta, debemos señalar aquellos factores que pueden echar al traste con la “transición justa” hacia un sistema social y medioambientalmente sostenible.

En primer lugar, sabemos con certeza que la crisis es multidimensional. Si bien los avances tecnológicos en la obtención de energía a través de fuentes renovables han sido exponenciales, pero no podemos obviar el hecho de que este no es más que uno de los múltiples problemas a los que nos enfrentamos. Por ejemplo, suponer que vamos a obtener suficiente energía de estas fuentes para mantener nuestra insostenible forma de vida es una visión utópica de nuestro futuro. La escasez de recursos debida a nuestro sobreconsumo y sobreproducción puede frustrar el cambio anunciado. Las tecnologías necesarias para implantación general de energías renovables requieren de una serie minerales que no son renovables como el indio, litio, cobre, estaño, etc. Se habla como solución de la economía circular. Argumentación muy débil si tenemos en cuenta que los aumentos de eficiencia no tienen porque llevar implícitas reducciones en el consumo de un factor (Paradoja de Jevons) y si, en las circunstancias actuales, cualquier pérdida de energía en la reutilización es demasiado (Principios de la Termodinámica).

Un segundo asunto tiene que ver con los riesgos relacionados con el funcionamiento del sistema político, y sabiendo que la situación económica es uno de los elementos que mayor impacto tiene sobre la intención de voto en unas elecciones, no parece probable que los políticos sean capaces de asumir unos costes actuales en pro de unos beneficios futuros. Este hecho complica mucho la ejecución de esos cambios que se prometen. Como Gillingham y Stock nos advierten en su texto “The Cost of Reducing Greenhouse Gas Emissions” de 2018, existe la imperiosa necesidad de pensar en el largo plazo y dinámicamente, más que en el corto y de forma estática. Lo dicen, especialmente, porque existen tecnologías y políticas que pueden resultar caras en la actualidad, pero que a medida que se vayan aplicando y expandiendo resultarán mucho más eficaces y eficientes que otras más baratas actualmente. La falta de ambición en los acuerdos, cuando no la falta de los mismos, en las cumbres internacionales por el clima son una muestra más de los fuertes incentivos a no cumplir con los pasos necesarios para con el Planeta.

Si bien, los incentivos al fracaso de este gran pacto verde parecen invencibles, no podemos olvidar que la profundidad de las medidas a tomar y, por tanto, de los cambios a los que vamos a ser sometidos se van a decidir en el terreno político. La movilización social es un contrapunto importantísimo para cambiar lo que parece inamovible. Al mismo tiempo, hacer política desde lo local, el municipalismo, resulta muy efectivo en cuanto es a ese nivel donde se aprecian los efectos del Cambio Climático y donde se generan lazos en la lucha que son difícilmente rompibles por la propaganda sistémica. Para acabar, recuperar ideas que parecían destinadas a la nostalgia, como la renacionalización y planificación de sectores económicos, resultarían imprescindibles. 

Asumir que cualquier cambio supone un coste no tendría que asustarnos. Más bien, debería hacernos responsables activos de las medidas que se vayan tomando y evitar que toda la propaganda mediática del sistema nos lleve a un punto de no retorno, en el que el beneficio económico de unos pocos obligue a nuestros descendientes a vivir en unas condiciones peores a las actuales. Estas han sido siempre las bases del progreso en las sociedades.

El neoliberalismo progresista del PSOE

Recién acabado el maratón electoral, el panorama político español ha quedado listo para los posibles pactos que permitan la gobernabilidad de las distintas instituciones. En el caso del gobierno del Estado, y tras los resultados de las elecciones, el PSOE requiere el apoyo de otros grupos para gobernar y las dudas se centran en quién le apoyará y, además, en la forma en que se plasmará ese apoyo. Desde los medios y equipos de comunicación de los partidos nos afirman que el pacto natural sería PSOE con Unidas Podemos. Pero en este artículo sostengo que este pacto no es tan lógico ideológicamente (los indicios así lo muestran) y que la opción PSOE-Ciudadanos tendría mayor fuerza y coherencia.


Para explicarlo, hay que encuadrar el hecho a explicar en un contexto histórico determinado. Venimos de la crisis de lo que conocimos como Capitalismo Democrático, basado en tres principios que se interrelacionaban equilibradamente como eran el de propiedad, el de participación y el de limitación. El equilibrio estaba basado en una serie de instituciones coaligadas y con un enemigo exterior que aconsejaba no romperlo. La entrada a partir de los 70 del siglo pasado en la fase neoliberal del capitalismo provocó el desequilibrio entre los tres principios anteriores y el fin de las políticas keynesianas, que serían sustituidas por unos principios económicos planteados por Hayek.

En este contexto de desequilibrio, la clásica socialdemocracia no encontraría combustible para sus políticas y se embarcó en la tercera vía a lo largo de los 90 y primera década del siglo XXI. Este camino que se recorrió llevó a una simbiosis entre las derechas y las izquierdas en cuanto a lo económico que facilitó el proceso globalizador y la financiarización económica. La estadounidense Nancy Fraser lo ha denominado “Neoliberalismo Progresista”, y en EEUU llevó a la imperceptible diferencia entre los Bush y los Clinton-Obama, mientras que en Europa se denominó la Gran Coalición. Como consecuencia de este proceso, los partidos socialdemócratas perdieron mucho de su poder en Europa. La explicación parece encontrarse en que los votantes de estos partidos han sido en gran parte los perdedores del proceso globalizador y la falta de contundencia en la respuesta, e incluso, complicidad en las medidas que nos han llevado a este punto, parecen ser las razones.

Ante estos acontecimientos resurgieron los partidos de extrema-derecha y una especie de partidos socialdemócratas de vieja estirpe, como han sido Syriza y Podemos, que han chocado de lleno con la arquitectura institucional neoliberal. Al menos, los nuevos partidos han obligado a reorganizarse ideológicamente a los antiguos y, en el caso de los de izquierda, han aparecido unos líderes que se han hecho con las riendas de sus organizaciones bajo discursos socialdemócratas clásicos. Bernie Sanders, Jeremy Corbyn y Pedro Sánchez, con sus matices, han recuperado ese viejo discurso, al menos, hasta que uno de ellos ha tocado poder. Dentro de este reposicionamiento en el espectro ideológico podemos situar la batalla que se desencadenó dentro del PSOE y que se alzó con la victoria de Sánchez. Los dos corazones que se enfrentaron fueron el socioliberal de Díaz con el socialdemócrata de Sánchez. Tras la victoria de este último, algunos de los defensores de la primera han saltado del barco hacia el partido que, en principio, defendía esas ideas, Ciudadanos (Joan Mesquida, Soraya Rodríguez, Celestino Corbacho, son ejemplos conocidos). Si nos quedáramos en este punto, parecería que el pacto entre socialdemócratas, PSOE y Unidas Podemos, sería lo más normal.

Sin embargo, algo que hemos aprendido a lo largo de estos años, es que la historia y los acontecimientos que la conforman son cambiantes y, en este entorno, aún más. Es necesario, por tanto, preguntarnos hacia dónde vamos y, en concreto, hacia dónde va la izquierda. Y para ello, he considerado que un buen debate es el que se produjo entre Jürgen Habermas y Wolfang Streeck. Este último, en su libro Gekaufte Zeit. Die vertagte Krise des demokratischen Kapitalismus esgrimía una serie de razones que explicaban de dónde veníamos y qué había provocado la crisis europea, criticando, con cierto estilo, las posiciones defendidas por Habermas y Offe por demasiado confiadas con el sistema económico capitalista y el control keynesiano imperante en aquellos finales 60 y principios de los 70 del siglo XX. Las perspectivas futuras que esgrime Streeck son muy pesimistas en cuanto prevé, ante la falta de una alternativa viable y organizada, unos años de crisis permanente hasta que el sistema implosione por las propias contradicciones. Para evitarlo, el autor considera que hay que recorrer hacia atrás el camino andado hasta la integración económica y volver al control del Estado nación. Por el contrario, Habermas considera que Streeck está demasiado condicionado por el determinismo marxiano (aunque su crítica carece de los elementos necesarios para considerarse marxista). Como salida, se apuesta por una mayor integración, pero no sólo económica, sino más social, reforzando las instituciones de gobierno compartidas. 

En mi opinión, Habermas pretende continuar por el camino que define su obra: el consenso y el diálogo. En este espacio, podemos encontrar al PSOE. Este partido ha decidido, tras las generales de abril, rellenar el espacio que ha dejado Ciudadanos en el centro, lo que le ha devuelto al discurso previo a la victoria en las primarias de Sánchez, y construir una mayoría, pero sin romper nada. Esos consensos los puede encontrar en términos de libertades individuales, como el feminismo liberal, los derechos LGTBIQ, etc. También, en la lucha contra el cambio climático, pero desde posiciones de mercado. Por el contrario, parece lejos del discurso socialdemócrata clásico pues se opondría a la esencia del progresismo, a ese Estado nación coaligado con otras instituciones como, por ejemplo, los sindicatos, para volver a democratizar el capitalismo. No estoy diciendo que se oponga a esa democratización, pero sí a esa vuelta al pasado.

Los indicios parecen mostrar que el PSOE quiere mantenerse fuerte en el extremo-centro y con ese fin ha virado el discurso. Ya no se habla de derogar la reforma laboral, ni siquiera de revertir aquellas partes más lesivas. Ni se ha nombrado el artículo 135 de la Constitución. Las pensiones están garantizadas, pero sólo para los actuales pensionistas, los futuros veremos lo que pasa. Unidas Podemos no parece que pueda aceptar este cambio discursivo. En cambio, Ciudadanos lo podría hacer sin modificar ni un ápice lo que siempre ha defendido. Los economistas de PSOE y Ciudadanos tienen muchos puntos de coincidencia, sólo hay que ver las reacciones ante el abandono de Toni Roldán y los mensajes de apoyo que ha recibido desde el partido progresista. Podréis rebatir que la posición de ambos partidos en cuanto a fiscalidad es muy diferente, pero para eso ya tenemos a la arquitectura europea que lo minimiza. El neoliberalismo “progresista” no está muerto, al menos en España. 

Publicado en eldiario.es

Y lo prometido, ¿pá cuando?

¿Apostamos? Pacto PSOE-UP o elecciones.

En mi opinión ni una cosa ni otra. Bien en segunda ronda, o bien en septiembre, UP apoyará al PSOE y hará oposición parlamentaria.


Después de las Generales, la actitud del partido de la rosa ha cambiado con respecto del partido morado. Pero, cuidado, ya se intuía este cambio. El Pedro Sánchez izquierdista ha virado a su derecha para ocupar el espacio central que ha dejado libre el partido veleta, Ciudadanos.

Este cambio en la estrategia del PSOE no debería sorprendernos ya que su historia, en los 40 últimos años, está repleta de ellos. Malabares en comunicación para argumentar lo imposible ideológicamente.

Algunos indicios de este cambio se podía apreciar en la propia estrategia de campaña, más centrada en la movilización por miedo a V0X que en propuestas positivas en lo económico y lo social. Analicemos algunas propuestas que se hicieron y que desaparecieron, o empequeñecieron, a lo largo del tiempo que transcurrió entre antes de la moción, gobierno en minoría y tras elecciones.

El artículo 135 de la CE: Si bien no se habló, en ningún momento, de derogar este artículo, sí que Sánchez propuso su modificación puesto que dañaba la credibilidad del partido. Este artículo es aquel que se modificó una noche de agosto entre PP y PSOE que antepone los intereses de los acreedores del Estado a los propios de nuestra sociedad. (Aquí se habla sobre ello: https://cadenaser.com/ser/2014/11/25/politica/1416900444_229804.html )

El tema de las pensiones es otro asunto con múltiples lecturas por la indefinición del lenguaje que se usa cuando se habla de él. Antes de las elecciones, en un momento inicial, el equipo de Sánchez estaba en contra de la reforma que introdujo el PP y que aseguraba un crecimiento de la cuantía de las pensiones del +0,25% anual, más un factor de revaloriozación que ligaba el incremento a determinados criterios como el estado de cuentas del sistema. En febrero de 2018, el PSOE presentó una proposición no de ley que pretendía romper con este mecanismo de revalorización. Ligar los incrementos de las pensiones al IPC, pretendía mantener el poder adquisitivo de los pensionistas, tendría un sobrecoste de unos 1800 millones de euros que se esperaban recaudar con unos impuestos extrordinarios (lean aquí). Con el Gobierno socialista en minoría, controlado por UP y sin poder conseguir un pacto para los presupuestos, se aprobó, en el último Consejo de Ministras del año, un RD que incluía el incremento de las pensiones para 2019 (aquí). Buena medida, pero temporal y parcial. Pues bien, en la campaña se promete que “se garantizarán incrementos iguales al IPC y se (reformulará) el factor de sostenibilidad” (wait!!! Veremos por donde sale) [aquí]. Con ello se elimina la temporalidad de la medida de diciembre del 2018. Pero, ¿la parcialidad? Aquí tenemos un problema y lo sabemos todas. Fijémonos como han desaparecido los impuestos “extraordinarios” (deberían haberlos llamado invisibles) para financiar este incremento de gasto. No se puede confiar, exclusivamente, en una mejora del mercado de trabajo. Entonces, la alternativa pasa por la individualización de las cotizaciones, para evidenciar su coste, y que en años se tengan que complementar con aportaciones privadas. Lean las declaraciones de Octavio Granado en la web del PSOE. Y lo que dijo en estas declaraciones. Por todo ello, las promesas como blindar las pensiones en la Constitución no deben embelesarnos, los números están ahí y las ideas recogidas en declaraciones.

Por último, la derogación de la/s reforma/s laboral/es. Prefiero no escribir, que lo digan ellos.

En el 2015.

En 2018, Adriana Lastra nos decía lo siguiente:

En el 2018

La “parte más lesiva de la reforma laboral”, ¿qué será lo que significa eso? Lesiva para quién, cuáles son esas partes, … Preguntas que uno debe hacerse.

Pedro Saura nos da una pista:

22 abril 2019

Pero la Ministra Calviño nos helaba el corazón cuando afirmaba lo siguiente:

30 mayo 2019

Ahora, en cambio, parece que sí que ha incluido en el documento base para negociar con UP la frase “revertir las partes más lesivas de la reforma laboral” pero en el marco de la negociación con los agentes sociales.

Pues nada, que todo está claro. O no. Yo ya que sé.

Es que resulta evidente que el PSOE se encuentra más cómodo en lo económico con Ciudadanos de compañero. No hay más. El toque socioliberal que parecía olvidado tras las primarias, estilo OT, del 2016, se ha quedado, durante este tiempo, bien guardado y cubierto por un discurso de nueva socialdemocracia. No ha sido una estrategia casual. La sangría por la izquierda estaba poniendo en riesgo la hegemonía en este espacio ideológico.

Si disponéis de tiempo podéis volver a ver el famoso programa de Salvados:

Miradlo, miradlo. Lo del IBEX, a partir del minuto 21.

Los argumentos para no llegar con un acuerdo de coalición con UP son muy peregrinos y fácilmente refutables. Las formas con las que se ha llevado la no-negociación con el grupo morado ha sido muy desleal. Y a 2 semanas de la investidura lanza un resumen de su programa electoral para negociar. UP no se pegará un tiro en un pie, pero lo que ha demostrado el PSOE no ha sido ni agradecimiento ni justicia. Ellos sabrán.

La gente de izquierda solemos decir que la dignidad y la justicia son dos valores que nos diferencian de la derecha. Para ser “la izquierda” no lo han demostrado.

De momento.

Las autoridades sanitarias advierten de que el Capitalismo perjudica gravemente a la salud

despair-513529_640Hace años que dejé de fumar, pero aún recuerdo la advertencia que aparecía en las cajetillas que decía: “Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente la salud” (sic).  No sé si todavía aparece, ni si ha cambiado por otra advertencia. Si bien, se debería plantear la posibilidad de que esta, mejorada gramaticalmente y reformulada, pudiera repetirse cada hora en cualquier medio de comunicación: “Las autoridades sanitarias advierten de que el Capitalismo perjudica gravemente a la salud”.

El sistema capitalista se caracteriza por su inestabilidad cíclica, esto es, las fases de expansión económica son seguidas, inexorablemente, por crisis. Si en las primeras el aumento de la actividad económica se plasma en una disminución de la tasa de paro y un incremento en los ingresos de los hogares, las crisis provocan los efectos contrarios. La intuición nos dice que el crecimiento económico mejora el bienestar social y, en consecuencia, también, la salud. Pero los datos parecen demostrar lo contrario, al menos, a partir de cierto nivel de riqueza del país.

Ya en 1922, William Ogbum y Dorothy Thomas observaron que en épocas de expansión económica se producían un incremento relativo de los nacimientos, matrimonios y divorcios, pero a la vez, también, aumentaban las tasas de mortalidad en comparación con las fases de recesión económica. Pero ya sabemos cómo funciona el mainstream económico, si algo parece contradecir al sistema hegemónico, desaparece. Al estilo Guadiana, diferentes estudios han ido apareciendo a lo largo del tiempo, pero hasta el 2000 con el trabajo de         Christopher J. Rhum, ¿Are Recessions Good for Your Health?, y tras la Gran Recesión para intentar verificar los efectos que haya podido tener sobre la población.

Estos estudios lo que hacen es medir que tipo de relación existe entre alguna medida de la actividad económica, bien el crecimiento económico o bien la tasa de desempleo, con alguna medida de la salud de la sociedad, esperanza de vida, tasas de morbilidad o de mortalidad.  Las expansiones de la economía (crecimiento económico y/o disminución de la tasa de paro) afectan negativamente a la esperanza de vida y positivamente a la tasa bruta de mortalidad. En un estudio de Rhum del 2005, Healthy living in hard times, un incremento del 1% en la tasa de paro en Estados Unidos se relacionaba a un descenso del 0.5% de la tasa bruta de mortalidad. La explicación que subyace a estos hechos parece ser que el aumento de la actividad económica, con su aumento de renta, conlleva un cambio en los hábitos de vida que empeoran nuestra salud al incrementarse la ingesta de comida basura, el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias. A su vez, disminuye el tiempo disponible para hacer deporte como consecuencia del incremento de horas en el trabajo. Todo esto acaba provocando un aumento en las causas de muerte relacionadas con dolencias cardiovasculares, así como las enfermedades relacionadas con el incremento de la contaminación. Más personas trabajando y más tiempo resulta, también, en un aumento de los accidentes laborales y los de tráfico, relacionados con el trabajo, pero no sólo, por ejemplo, más desplazamientos de ocio.

En el caso de las recesiones, y al disminuir el ingreso de gran parte de la población, los efectos anteriores se diluyen en el conjunto de la sociedad y las tasas brutas de mortalidad disminuyen, o se incrementa la esperanza de vida al nacer. Si bien es cierto, que la única causa de mortalidad que tiene un comportamiento negativo en períodos de crisis económicas es la tasa de suicidios que acostumbra a aumentar en el caso de los hombres, la importancia relativa de esta causa no afecta a la tasa global.

Estos datos no deben empujarnos a afirmar que las recesiones son beneficiosas para la salud. Hasta el momento, hemos hablado de impactos sobre el conjunto de la sociedad, aunque los efectos de las crisis se hacen sentir de manera notable sobre el propio individuo o su familia. El desempleo, así como la falta de renta inherente, provoca una serie de situaciones que acaban repercutiendo en la salud de quien lo sufre. Una disminución de ingresos provoca un cambio en la dieta, lo que a medio y largo plazo acabará afectando a la salud (obesidad, con los problemas derivados de cardiopatías, diabetes, entre otros). También, la pobreza acaba derivando en una desinversión en educación lo que se relaciona, también, con problemas de salud a medio-largo plazo. Los efectos más inmediatos del desempleo son el aumento del tiempo ocioso que, en algunos casos, deriva en problemas de alcoholismo u otras adicciones (véase caso USA), aunque los problemas más preocupantes se registran en cuanto a la salud mental (lean este artículo) que pueden acabar en caso de suicidio. La vertebración social y un estado de bienestar fuertes son garantías para que los efectos mencionados no sean muy fuertes. Lo hemos visto a lo largo de esta crisis reconvertida en nuevo modelo de crecimiento, la familia y los movimientos sociales han actuado como colchón para aquellos que lo habían perdido (casi) todo.

En resumen, tenemos que cuando la economía crece la salud pública se ve afectada negativamente, tanto consecuencia del modelo de producción como de consumo capitalistas. Pero en épocas de recesión, el menor impacto de estos modelos acaba teniendo un efecto positivo sobre el conjunto de la sociedad, salvo si eres clase trabajadora. Si lo eres, y muchos lo somos, el riesgo de perder el empleo está presente con todo lo que eso supone. Lo que parece es que el sistema ha alcanzado un punto en el que vaya bien o mal acaba perjudicándonos. Crecer económicamente sólo parece servir para colmar las ansias acumulativas de una clase privilegiada que ha escapado de estos efectos perniciosos. Si las crisis deben servir para algo positivo es para cambiar aquello que nos ha llevado a ella. Diez años después del colapso de Lehman Brothers no sólo no hemos cambiado nada, sino que hemos profundizado en lo peor del sistema. Los estragos sobre la vertebración social y nuestro pequeño estado de bienestar son visibles en el día a día. ¿Nos dará tiempo a reconstruirlo antes de la próxima crisis?

 

Publicado en eldiario.es :  https://www.eldiario.es/zonacritica/Autoridades-Sanitarias-advierten-Capitalismo-gravemente_6_799380062.html

 

 

Marx, ¿es la solución?

185px-marx_oldHa caído en mis manos, esta nublada mañana de domingo, este documental que nos habla de la figura de Karl Marx.

Opino que el conocimiento de este pensador prusiano debería ser obligatorio si se pretende crear una conciencia crítica entre los miembros de la sociedad. Ha sido referente en la sociología, en la economía e incluso en el arte. Se ha intentado esconder de la opnión pública, pero pasan los años y la evidencia muestra la razón que impera en su pensamiento. Sigue leyendo “Marx, ¿es la solución?”

La economía feminista.

Esta semana viene marcada por la celebración del Día de la Mujer Trabajadora. Hace falta recordar que este día, el 8 de marzo, nace por la reivindicación obrera, a pesar que el aburguesamiento social ha pretendido difuminar esta condición.

¿Por qué el 8 de marzo?

En clase

Para mis clases de economía he preferido compartir una visión alternativa al mainstream como la de la economía feminista. En concreto, una presentación de la economista Amaia Pérez Orozco (UCM – CarlosIII) para el curso Repensar la economía organizado por las asociaciones Econonuestra y Economía Alternativa.

Entiendo que el nivel es demasiado elevado para una educación secundaria, pero a la vez, por su interés, puede ir viendo complementando con comentario del docente que permitan al alumnado no perder el hilo de la explicación.

No resulta sencillo adaptar estas visiones a unos contenidos como les de Secundaria-Bachillerato. Lo he intentado pero ha quedado muy cogido con pinzas y he preferido ponerlo, por si alguien prefiere aportar alguna idea más.

En relación con los objetivos de la materia en Bachillerato, según el currículum de Balears, se podría encuadrar entre los siguientes objetivos:

  1. Identificar el cicle de l’activitat econòmica. Reconèixer l’existència de diferents sistemes econòmics i les formes de respondre als problemes econòmics. Prendre consciència de les relacions entre el sistema econòmic i els fenòmens socials. Analitzar el sistema econòmic de les Illes Balears.
  2. Relacionar els fets econòmics significatius amb el context social, polític i cultural en què es produeixen. Traslladar aquesta reflexió a les situacions quotidianes i aplicar els procediments d’indagació de les ciències socials a partir de diverses fonts i mitjans d’informació.
  3. Manifestar interès i curiositat per conèixer els grans problemes econòmics actuals, com les desigualtats econòmiques mundials, la concentració empresarial, les desigualtats per raó de sexe i cultura, la pobresa, la degradació mediambiental, el consum innecessari, etc., i analitzar-ho amb sentit crític i solidari.