Pantalones de campana. La historia se repite.

Después de estas vacaciones creía que podía desconectar de las noticias sobre la crisis económica, y casi que lo he conseguido. Pero la vuelta tampoco ha reportado nada nuevo. Continuamos con el “haremos lo que haya que hacer”, “la austeridad es la única salida”, “no podemos gastar lo que no tenemos”  y toda la serie de sandeces que salen por la boca de quienes nos gobiernan.
En entradas anteriores he escrito sobre cómo se empezó a superar la Gran Depresión y de por qué es mentira que hemos gastado demasiado desde la Administración.  Entonces, con lo que mi conocimiento da de si, intentaré justificar, sencillamente, por qué mi oposición a la austeridad, en este momento.
¿Qué significa austeridad? En principio, la RAE nos lleva a consultar “austero” y esto nos dice:
austero, ra
1.     adj. Que obra y vive de forma severa y rígida:
vida austera.
2.     Sobrio, sin adornos:
vestimenta austera.
La primera acepción debería ser la norma básica del Gasto Público. El Gasto de las administraciones debe tener una finalidad y es la de mejorar el bienestar de la sociedad en su conjunto sin que por ello se deba incurrir en malGasto Público. La segunda acepción, nos dice que el Gasto Público debe ser lo estrictamente necesario. Fijémonos que todo es subjetivo, en mi opinión la austeridad se corta en cierto punto y en la del Gobierno parece no ser nunca suficiente.
 Pero, esta sobrevenida austeridad, ¿es lo que se necesita en estos momentos? La respuesta es facilísima, NO. No voy a explicar cómo obtener recursos, ya lo he hecho, sino hacia dónde vamos.
Sea correcto, conveniente o no, los economistas tienen (je je) la manía o afición de medir la riqueza de un país con el Producto Interior Bruto (1)
(1) PIB = C + I + G + X – M
En estos momentos, el consumo privado (C) está por los suelos ante las malas expectativas económicas. La gente no tiene dinero, el que tiene (algo, no hablo de los ricos) se lo guarda, porque está en paro, o tiembla ante la posibilidad. Además, la presión hacia los salarios es hacia abajo, nos aumentan los impuestos directos e indirectos.
Las empresas no invierten, ¿para qué? Si no van a vender, graso error (ya lo explicaré en otra entrada). No se han renovado aquello ya amortizado ante las malas expectativas, también provocadas por el bajo consumo.
Las Exportaciones han sufrido una mejoría en los últimos datos presentados por el Banco de España. Es normal, pues nos estamos abaratando relativamente en comparación con el exterior, por lo que nuestros productos son, relativamente, más competitivos. A costa de nuestra capacidad adquisitiva, somos más baratos y más pobres, también es lógico pensar en una disminución de las importaciones.
El Gasto Público (G) con la “austeridad”  se está reduciendo con su efecto contractivo sobre el PIB. No olvidemos que el G tiene un efecto multiplicador sobre el PIB, 1€ de gasto en la economía supone más de 1€ sobre el PIB.
Por tanto, tenemos unas macromagnitudes que restan al PIB y sólo al sector exterior (X – M) que puede sumar. ¿Cómo no vamos a estar en depresión? ¿Confía el Gobierno en que sea el sector exterior el que nos saque de esta? ¿Cómo? ¿Haciéndonos más baratos todavía?
Alemania consiguió superar la reunificación gracias al sector exterior (además de los recursos de la UE). Pero vender al exterior implica, que otros países nos compren y que seamos en algo mejores que nuestros competidores (en precio o en calidad). El exterior, al menos, al que nosotros vendemos (UE) no están como para tirar una traca por lo que no tirarán de nuestras exportaciones con fuerza. Espero, deseo, que el Gobierno no haya pensado en hacernos pobres hasta el punto de competir en precios con otros competidores (Eslovenia, Eslovaquia, etc) porque nos va a devolver a los 80 para recorrer un camino ya conocido.
Si la política europea no cambia (y parece que Hollande se ha ido a lo que Merkel quiere) nos esperan años de miseria y de tensiones entre países. ¿Qué como lo sé? Porque esto ya ha pasado y si nuestros gobernantes se leyeran algún libro de historia y alguien supiera de economía (no de política) otro gallo nos cantaría.
Parece que la historia, al igual que la moda, se repite y ahora nos toca el momento pantalones de campana.
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