Nadie ofrece tanto como quien no va a cumplir (F. de Quevedo)


Este verano se ha hablado mucho de los incendios forestales que ha habido a lo largo de la Península. La ferocidad y destrucción de estos fenómenos ha ido aumentando en los últimos años dando paso a los llamados incendios de sexta generación. (mire acá). La cantidad de combustible presente en nuestras montañas por el aumento de masa forestal (no se cuida el monte) junto con el estrés hídrico, provocado por las altas temperaturas y falta de lluvias, da lugar a unos incendios de muy difícil tratamiento por parte de los bomberos. El cambio climático está provocando que las montañas mediterráneas que hemos conocido hasta ahora sean un espejismo y que su conservación sea un lujo al que tendremos que renunciar más pronto que tarde. La Sierra de Espadán con sus pinos y alcornoques, tristemente, cambiará de especies por otras más adaptadas a las nuevas características climáticas. ¿Alguien de nosotros se ha planteado qué puede pasar con las construcciones más cercanas a estas montañas? ¿Podría pasar que algunas de ellas acaben siendo alimento para los fuegos? Al mismo tiempo, ¿hemos pensado en que la mejor manera de tratar estos incendios es la prevención y no la lucha contra ellos? ¿Cuándo una montaña de éstas se quema debemos regenerarla volviendo a sus características pasadas o ya teniendo en cuenta las nuevas circunstancias? Pensar que el cambio climático es reversible es incauto y una engaño más a la ciudadanía.

Documento nº 1 (p.8) de la Memoria descriptiva de la actuación en la costa de Moncofa

Si nos centramos en la costa pasa lo mismo. La actuación humana ha afectado a nuestras playas. Las causas son bien conocidas y algunas de ellas están fuera de nuestras manos poder controlarlas. Si los embalses han reducido la aportación de sedimentos a las playas, también es cierto que la cantidad de aguas en los embalses ha ido mermando de manera preocupante en las últimas décadas y, por tanto, la cantidad de sedimentos. Si bien es cierto que la construcción de infraestructuras como los puertos han modificado el transporte de los pocos sedimentos entre las playas, no creo que una solución sea hacerlos desaparecer. Si la construcción de casas y edificios altos en nuestras playas ha perjudicado la aportación de arenas del viento. ¿Qué hacemos? ¿Lo tiramos todo al suelo? Pues, como antes comentaba, quizás la costa como la hemos conocido ya no será posible y como consecuencia tendremos que empezar a ser conscientes de este hecho. ¿Quién se hace responsable del aumento de temperatura del Mediterráneo? ¿Quién se hace responsable de la muerte de especies marinas, como las posidonias, que actuaban como barrera natural en las mareas?

El próximo 6 de agosto se ha programado una concentración para una asociación, sin estructura legal, que engloba asociaciones de vecinas y vecinos afectados por las consecuencias de la erosión de nuestro litoral. Es lógico que reclamen y defiendan lo que ellos consideran que es suyo por un supuesto derecho superior como es la propiedad privada. Lo entiendo. Pero debemos ser conscientes de que desde un análisis coste-beneficio, debemos ponderar si el coste de defender estas propiedades compensa a la sociedad y no sólo, a los «propietarios».

Los partidos políticos que vayan a apoyar esta concentración deben ser conscientes de que se están poniendo en camisa de once varas desde el momento en que están de acuerdo en una frase como esta:

“Recuperar, es volver a tener lo que antes uno poseía, no es confiscar lo que otros poseen”.

En el propio manifiesto, esta asociación pide que «Porqué (sic) no se invierte también en devolver a su estado original las playas que ha dañado (…)? Habrá que delimitar cuál es el «estado original» que igual nos llevamos algún susto.

Los partidos políticos están engañando a esta gente, que desesperada, ven como la naturaleza recupera lo que le pertenece y que un día fue confiscado por las personas. Se tendrá que empezar a trabajar para adaptarnos a las consecuencias del cambio climático y sí, intentar retrasar el impacto en lo posible. Y, tengamos bien claro, que lo posible no está en la voluntad de la gente (populismo) sino en el saber hacer de los técnicos que bajo criterios científicos y, también, económicos, deben proponer las soluciones más adecuadas.

Dejémonos de electoralismo populista y vamos por trabajo. La desafección política creciente ante los continuos desencuentros entre realidad y deseo viene acompañada de un aumento del fascismo. Ya no voy a pedir nada a partidos como PP, Cs y BOCs, beneficiados como están de esta desafección. Pero sí quiero que aquellos partidos llamados de izquierda o progresistas eviten, en lo posible, entrar en un juego que sólo sirve para que la derecha sea más fuerte.

Dejémonos de electoralismo populista y vamos por trabajo. La desafección política creciente ante los continuos desencuentros entre realidad y deseo viene acompañada de un aumento del fascismo.

Manifiesto a leer el día 6 de Agosto de 2022. Podemos leer «devolver a su estado original» o «formar parte en la toma de decisiones».

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