Hedonismo, bienes posicionales y COVID-19.


Podríamos afirmar que el ser humano es un animal social, emocional y racional. Somos sociales en tanto que nos agrupamos en familias o comunidades de diferentes orígenes. Emocionales, al igual que el resto de los mamíferos, que se expresan tanto físicamente como mentalmente. Finalmente, se nos considera racionales al disponer de la capacidad de resolver problemas diferentes aplicando nuestra inteligencia. Pues con la dichosa pandemia que estamos sufriendo parece como si estas características se hubiesen desvanecido y que el ser humano actual, como buen hijo del parapeto neoliberal, se ha vuelto individualista, insensible e irracional.

Fuente: Wikipedia

Llevamos casi un año sufriendo las restricciones impuestas para frenar las consecuencias de la COVID-19 y la incapacidad política para hacer frente a las dos crisis, económica y sanitaria, de manera consistente. Pero si estas dos crisis son difíciles de tratar al mismo tiempo sin dejar costuras por arreglar, más complicado se antoja si la sociedad que las sufre no es consciente de lo que realmente se está jugando.

Nos estamos enfrentando a un conjunto de personas cuya principal preocupación es ellas mismas y los suyos, pero los más cercanos (y no estoy seguro). Personas que más que aplicar su inteligencia a solventar problemas, con su comportamiento, se dedican a ahondar en el barro dificultando su posible solución. Es la insensibilidad, quizás, lo que más me preocupa. La incapacidad para ser empáticos con sus iguales. ¿Cómo es posible ver a tus iguales luchando, sufriendo, desgarrados, y no sentir un mínimo de responsabilidad? ¿Qué mierda de sociedad hemos creado?

César Rendueles, en su libro “Contra la igualdad de oportunidades”, citaba al economista Fred Hirsch que, en 1976, acuñó el concepto bien posicional. Este hace referencia a esos bienes que sólo son disfrutados por su tenedor en la medida en que “los otros” no lo poseen. He ahí, quizás, la razón para el espectáculo hedonista cirenaico al que nos enfrentamos por redes sociales. La ostentación que se hace de la irresponsabilidad podría explicarse, en parte, si pensamos en esta gente como seres individualistas y que entienden algunos aspectos vitales como bienes posicionales. El “chincha rabiña” en edad adulta. Evidentemente, les ha penetrado el virus neoliberal hasta lo más hondo de su ser y no podemos más que sentir compasión y empatía.

Seguidamente, y teniendo en cuenta lo anterior, nos deberíamos preguntar la forma en qué debemos combatir esta plaga. A pesar de la compasión y la empatía la acción debe ser radical, pues nuestro futuro en este Planeta pende de un hilo. Los “free riders” deben ser señalados socialmente por aquellos que, aún, se sienten parte del “NOSOTROS”. Hay que hacerles ver y comprender que su bien posicional no nos importa, con lo que pierde sentido poseerlo.

Una de las consecuencias más temidas por mi, es que los que todavía piensan, sienten y se sienten parte de un “nosotros” decidan, definitivamente, desconectar y dejarse llevar por la corriente. Que en cualquier momento se autoconvenzan que están haciendo de “pagafantas” y que se acabó. ¿Qué futuro nos espera como especie si no sabemos aplicar nuestra naturaleza para suplir todas nuestras carencias? ¿Cómo pretendemos enfrentar nuestro presente contra el cambio climático si esto requiere de unas renuncias dolorosas? ¿Cómo lo pensamos hacer bajo los parámetros democráticos liberales?

No lo sé. Por eso lo pregunto.

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