Liberad a la #RSE


El Green New Deal (GND) y el Covid-19 parecen haber despertado de su letargo al mundo de la RSE. ¡Bien! Como Oscar Wilde afirmó sólo hay algo peor a que hablen mal de ti y es que no hablen. Y ciertamente, a la RSE se la comió un gato.

Desde hace años algunos de los gurús de la materia mostraron su frustración sobre su evolución y es lógico, entre las bondades predicadas los impactos fueron más bien decepcionantes. No será porque no se le dio vueltas al “conceto” (ya alguien me entenderá) y se debatió sobre sus esencias; ni porque se usó su acrónimo para bautizar miles de iniciativas que se subieron al boom. No será por la falta de financiación pública a esta idea. No será por el dinero invertido en grandilocuentes campañas de maquillaje responsable por parte de las grandes compañías. No será…

Y ahora, de nuevo, todo vuelve a rebrotar al albor de nuevas subvenciones que se intuyen en el horizonte. El Pacto Verde Europeo y la promesa de un GND español despierta ese característico olor a pasta que muchos ansiaban después de la época de escasez. Pues bien, ahí los tenemos de nuevo pontificando: “Que ahora sí que es la buena. Confiad en mi”.

Y quiero permitirme una duda. Gran duda. Infinita. Y más porque siempre he sido de aquellos “molestos” que había que “apartar”, ahora me merezco dudar. Aunque, no sólo por eso, sino también por simple observación. Si cuando se celebró el décimo aniversario del desarrollo de la RSC en España nada había cambiado (más bien pequeñas políticas, muy bien dirigidas por el Gobierno de antaño), ¿qué ha cambiado en estos últimos años para que ahora pueda triunfar? Permitidme afirmar que NADA. Las debilidades continúan ahí. La primera, tener a zorros cuidando del corral. La segunda, la falta de interés por parte de quienes tenían que vigilarlos.

Entonces, ¿qué?

Pues, entonces, nada. La RSC continúa siendo una idea con fuerza, pero en manos de gente que no puede (o quiere, vete tú a saber) desarrollarla en su totalidad. El secuestro corporativo del concepto y su aplicación “controlada” lo han impedido. La necesidad ha actuado de freno para quienes podrían haber hecho algo más y los de “la otra RSE” nos recogimos para no “molestar”.

En cambio, la “otra RSC” va a ser necesaria si queremos cambiar el sistema hacia otro más sostenible. Necesitaremos MEDIR con KPIs MEDIBLES, CUANTIFICABLES, ESPECÍFICOS, TEMPORALES Y RELEVANTES. Ese es el camino y ya ha sido recorrido por algunas personas.

El Estado debe huir de los vendedores de crecepelos para centrarse en los objetivos. No hay tiempo para mangoneos diversos, es hora de actuar. El camino lo estamos testando en la lucha contra el Covid-19. Radical y directo.

¿No lo veis? ¿No queréis verlo?

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