El neoliberalismo progresista del PSOE

Recién acabado el maratón electoral, el panorama político español ha quedado listo para los posibles pactos que permitan la gobernabilidad de las distintas instituciones. En el caso del gobierno del Estado, y tras los resultados de las elecciones, el PSOE requiere el apoyo de otros grupos para gobernar y las dudas se centran en quién le apoyará y, además, en la forma en que se plasmará ese apoyo. Desde los medios y equipos de comunicación de los partidos nos afirman que el pacto natural sería PSOE con Unidas Podemos. Pero en este artículo sostengo que este pacto no es tan lógico ideológicamente (los indicios así lo muestran) y que la opción PSOE-Ciudadanos tendría mayor fuerza y coherencia.


Para explicarlo, hay que encuadrar el hecho a explicar en un contexto histórico determinado. Venimos de la crisis de lo que conocimos como Capitalismo Democrático, basado en tres principios que se interrelacionaban equilibradamente como eran el de propiedad, el de participación y el de limitación. El equilibrio estaba basado en una serie de instituciones coaligadas y con un enemigo exterior que aconsejaba no romperlo. La entrada a partir de los 70 del siglo pasado en la fase neoliberal del capitalismo provocó el desequilibrio entre los tres principios anteriores y el fin de las políticas keynesianas, que serían sustituidas por unos principios económicos planteados por Hayek.

En este contexto de desequilibrio, la clásica socialdemocracia no encontraría combustible para sus políticas y se embarcó en la tercera vía a lo largo de los 90 y primera década del siglo XXI. Este camino que se recorrió llevó a una simbiosis entre las derechas y las izquierdas en cuanto a lo económico que facilitó el proceso globalizador y la financiarización económica. La estadounidense Nancy Fraser lo ha denominado “Neoliberalismo Progresista”, y en EEUU llevó a la imperceptible diferencia entre los Bush y los Clinton-Obama, mientras que en Europa se denominó la Gran Coalición. Como consecuencia de este proceso, los partidos socialdemócratas perdieron mucho de su poder en Europa. La explicación parece encontrarse en que los votantes de estos partidos han sido en gran parte los perdedores del proceso globalizador y la falta de contundencia en la respuesta, e incluso, complicidad en las medidas que nos han llevado a este punto, parecen ser las razones.

Ante estos acontecimientos resurgieron los partidos de extrema-derecha y una especie de partidos socialdemócratas de vieja estirpe, como han sido Syriza y Podemos, que han chocado de lleno con la arquitectura institucional neoliberal. Al menos, los nuevos partidos han obligado a reorganizarse ideológicamente a los antiguos y, en el caso de los de izquierda, han aparecido unos líderes que se han hecho con las riendas de sus organizaciones bajo discursos socialdemócratas clásicos. Bernie Sanders, Jeremy Corbyn y Pedro Sánchez, con sus matices, han recuperado ese viejo discurso, al menos, hasta que uno de ellos ha tocado poder. Dentro de este reposicionamiento en el espectro ideológico podemos situar la batalla que se desencadenó dentro del PSOE y que se alzó con la victoria de Sánchez. Los dos corazones que se enfrentaron fueron el socioliberal de Díaz con el socialdemócrata de Sánchez. Tras la victoria de este último, algunos de los defensores de la primera han saltado del barco hacia el partido que, en principio, defendía esas ideas, Ciudadanos (Joan Mesquida, Soraya Rodríguez, Celestino Corbacho, son ejemplos conocidos). Si nos quedáramos en este punto, parecería que el pacto entre socialdemócratas, PSOE y Unidas Podemos, sería lo más normal.

Sin embargo, algo que hemos aprendido a lo largo de estos años, es que la historia y los acontecimientos que la conforman son cambiantes y, en este entorno, aún más. Es necesario, por tanto, preguntarnos hacia dónde vamos y, en concreto, hacia dónde va la izquierda. Y para ello, he considerado que un buen debate es el que se produjo entre Jürgen Habermas y Wolfang Streeck. Este último, en su libro Gekaufte Zeit. Die vertagte Krise des demokratischen Kapitalismus esgrimía una serie de razones que explicaban de dónde veníamos y qué había provocado la crisis europea, criticando, con cierto estilo, las posiciones defendidas por Habermas y Offe por demasiado confiadas con el sistema económico capitalista y el control keynesiano imperante en aquellos finales 60 y principios de los 70 del siglo XX. Las perspectivas futuras que esgrime Streeck son muy pesimistas en cuanto prevé, ante la falta de una alternativa viable y organizada, unos años de crisis permanente hasta que el sistema implosione por las propias contradicciones. Para evitarlo, el autor considera que hay que recorrer hacia atrás el camino andado hasta la integración económica y volver al control del Estado nación. Por el contrario, Habermas considera que Streeck está demasiado condicionado por el determinismo marxiano (aunque su crítica carece de los elementos necesarios para considerarse marxista). Como salida, se apuesta por una mayor integración, pero no sólo económica, sino más social, reforzando las instituciones de gobierno compartidas. 

En mi opinión, Habermas pretende continuar por el camino que define su obra: el consenso y el diálogo. En este espacio, podemos encontrar al PSOE. Este partido ha decidido, tras las generales de abril, rellenar el espacio que ha dejado Ciudadanos en el centro, lo que le ha devuelto al discurso previo a la victoria en las primarias de Sánchez, y construir una mayoría, pero sin romper nada. Esos consensos los puede encontrar en términos de libertades individuales, como el feminismo liberal, los derechos LGTBIQ, etc. También, en la lucha contra el cambio climático, pero desde posiciones de mercado. Por el contrario, parece lejos del discurso socialdemócrata clásico pues se opondría a la esencia del progresismo, a ese Estado nación coaligado con otras instituciones como, por ejemplo, los sindicatos, para volver a democratizar el capitalismo. No estoy diciendo que se oponga a esa democratización, pero sí a esa vuelta al pasado.

Los indicios parecen mostrar que el PSOE quiere mantenerse fuerte en el extremo-centro y con ese fin ha virado el discurso. Ya no se habla de derogar la reforma laboral, ni siquiera de revertir aquellas partes más lesivas. Ni se ha nombrado el artículo 135 de la Constitución. Las pensiones están garantizadas, pero sólo para los actuales pensionistas, los futuros veremos lo que pasa. Unidas Podemos no parece que pueda aceptar este cambio discursivo. En cambio, Ciudadanos lo podría hacer sin modificar ni un ápice lo que siempre ha defendido. Los economistas de PSOE y Ciudadanos tienen muchos puntos de coincidencia, sólo hay que ver las reacciones ante el abandono de Toni Roldán y los mensajes de apoyo que ha recibido desde el partido progresista. Podréis rebatir que la posición de ambos partidos en cuanto a fiscalidad es muy diferente, pero para eso ya tenemos a la arquitectura europea que lo minimiza. El neoliberalismo “progresista” no está muerto, al menos en España. 

Publicado en eldiario.es

Pacto PSOE-C’s. El factor trabajo.

maxresdefaultEl acuerdo alcanzado entre PSOE y Ciudadanos muestra muy a las claras su intención. El texto del acuerdo va saltando entre medidas que suenan izquierdistas y otras más derechistas, junto algunas que cualquiera podría sumarse. Pero como ya hemos advertido en multitud de ocasiones, el neoliberalismo es muy hábil en la utilización del lenguaje. Aquello que puede sonar a “izquierdas” esconde en realidad un paquete de medidas que van en la línea de la Patronal y empresas del IBEX-35. Sigue leyendo “Pacto PSOE-C’s. El factor trabajo.”

Necesidad de cambio



[i]La victoria del paradigma neoliberal es un hecho (Stiglitz, 2008) y tampoco la RSC ha escapado él[ii]. Aunque en unos primeros compases Milton Friedman (The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, 1970) pareció rechazar cualquier responsabilidad más allá que con los accionistas-propietarios, el tiempo ha conseguido superar esta visión.

Si lo afirmado arriba ha sucedido no ha sido causa de una relajación de los preceptos neoliberales, sino de una reformulación de lo que debe ser la RSC centrada en el business case (intrumental, según (Garriga and Melé, 2004)[iii]). Efectivamente, el modelo accionarial clásico ha evolucionado a lo que se puede considerar un modelo condicionado (Rodríguez, 2007). Continuamos maximizando el valor de la empresa, aunque ahora se condiciona a una gestión de los grupos que “nos interesan”. Parafraseando a Eduardo Galeano, he llamado a esta RSE como la del envase, pues importa más lo que se ve que el interior de la misma. Además, si la rascas un poco puedes ver que debajo todo sigue igual[iv]. Esta RSE no cuestiona nada, simplemente, nos presenta los hechos sin demasiado análisis. Quizás por eso, según un dato presentado por Pedro Ortún[v], un 73% de las personas en Europa desconfían de las multinacionales[vi][vii][viii].
Pero, ¿tienen la culpa (sólo) las empresas? Por supuesto que no. La sociedad civil tiene que asumir su rol (artículo en eldiario.es (Cervera, 2014))en cierta forma olvidado, o no identificado. Si el modelo social, o cultural, está cambiando que no sean sólo las empresas quienes decidan la morfología del cambio[ix]. La RSE tiene que ver con la gestión de los impactos de las empresas en la sociedad[x], pues que sea esta última quien decida, también, como prefiere que sean gestionados[xi].
No hay solución sencilla, pero los problemas tampoco lo son. En mi opinión, un primer paso consistiría en la democratización, real, del gobierno de la empresa (Moreno, 2013) (Argandoña, 2007) (Argandoña, 2013) (Rodríguez, 2007). Permitir que los otros interesados en el devenir corporativo opinen, participen o penalicen en las decisiones. Pero, junto a este paso, se debe producir un cambio actitudinal en la sociedad[xii], para así recuperar el discurso, ahora apartado, de la RSE[xiii].
Considero que deberíamos rehuir de la complacencia y exigir una RSE crítica. Cuestionarse cada paso con sinceridad y con un verdadero diálogo, sin prevalencias de poder (Thomson and Bebbington, 2005) (Zakhem, 2008), de tú a tú. Parece como si se tuviesen que resaltar las buenas prácticas y esconder las malas. Pero, no sólo esto. ¿Son las buenas prácticas tan buenas? ¿Las malas son tan malas? ¿Hasta dónde debería llegar el cuestionamiento?
No es sencillo cambiar la costumbre del proceder de los negocios[xiv], pero hay que ser consciente de lo que se pretende y resistir en el empeño. Seguro, de primeras, serán vistos como unos bichos raros, ninguneados y después, incluso, ridiculizados, pero la resistencia debe ser fuerte (sobre tácticas de debate).
No se trata de ser crítico y resistir en el empeño para destruir, debemos plantearnos el construir una sociedad mejor[xv], la que nos merezcamos, sin más. Y esa fuerza deberá nacer desde abajo, porque es en el fondo donde están los disconformes. Los cambios que han venido desde arriba sabemos, sobretodo en España, que tienen un efecto muy limitado.
Cada uno de nosotros, desde nuestro trabajo, podemos empezar a cambiar, es cuestión de voluntad[xvi]. Aunque parezca una utopía, es simplemente un cambio de actitud. Adjunto un texto de un neoliberal, Friedich von Hayek, que en 1949, decía lo siguiente sobre cómo cambiar el paradigma económico de la época:
“Necesitamos líderes intelectuales (…) dispuestos a trabajar por un ideal, aunque sus perspectivas de rápida realización sean escasas. Deben estar dispuestos a aferrarse a los principios y batirse por su completo cumplimiento, aun cuando parezca lejano (…) Quienes se han ocupado exclusivamente de lo que parecía realizable (…), se han encontrado constantemente con que incluso eso devenía políticamente imposible, por la evolución de una opinión pública a la que no habían hecho nada por guiar (…). Si recuperamos la batalla de las ideas (…), la batalla no está perdida.”(Rodríguez, 2007, p.40) (Intellectuals and Socialism, 1949)

Hayek murió en 1992, ¿quién se lo iba a decir?
Transcripción del discurso en Jornada #ActivismoRSC II Edición, 26 de marzo[xvii].
@Paco_Cervera
NOTAS


[i] Justificación del discurso. Con citas y notas al final. Se pretende justificar lo dicho y evitar cualquier suspicacia sobre la autoría del mismo.
[ii] Opinión generalizada desde la izquierda.
[iii] La idea siguiente ya la vengo defendiendo hace tiempo. En mi blog una entrada del 2012: El capitalismo impoluto nos va ganando. Aunque es cierto que el nombre instrumental no es mío, la suelo llamar del status quo).
[iv] Muchas organizaciones de la sociedad civil consideran la RSE como el “Caballo de Troya” del neoliberalismo, léase OMAL, algún partido de izquierda, IU, incluso en el PSOE.
[v] En la propia jornada.
[vi] Mi idea original explicaba cómo se podían relacionar algunas de las 10 medidas de lo que se conoce como Consenso de Washington (Williamson, 2002) (enlace). No hablar de impuestos, cuestionar papel Estado, desregulación.
[vii] No había tiempo puesto que se alargaron las anteriores intervenciones, sobretodo la vicedecana). También quería explicar las características de la RSE actual (unilateralidad, instrumentalización de los grupos de interés, lo que permite prácticas de RSE en el Sur, cuyos públicos objetivos están en el Norte (recomiendo al profesor Hernández, Ramiroy muchos que tienen una visión crítica sobre la RSE y sus consecuencias sobre la ayuda al desarrollo, la Universidad del País Vasco es un referente) (Artículo de Alternativas Económicas, RSC: ¿Responsabilidad o Pantalla?).
[viii] Me creo las críticas puesto que me creo la versión neoliberal de la RSE. Además, considero que el SOCIAL requiere casar los intereses empresariales dentro de los sociales, nunca al revés. Puede leer la entrada de mi blog La RSE es lo que es.
[ix] Más bien supone una cuestión democrática. No tienen las empresas que decidir, solas, cómo va a ser el cambio que se produzca.
[x] COM(2011) 681 final
[xi] La empresa bajo el paradigma neoliberal, la globalización y las TIC adquiere un protagonismo social tal que influye, demasiado, en vida política y social. ¿Debe una institución tan poco democrática dirigir vida política? Parece un proceso imparable, entonces pensemos en democratizar empresa, más que en mercantilizar la vida social.
[xii] Antoni Ballabriga lo comenta en la propia Jornada.
[xiii]Diferentes entradas en mi blog proyectan la idea del secuestro del concepto de RSC por el mundo empresarial del status quo.
[xiv] Ballabriga y González lo afirman en la Jornada, aunque uno, el primero, considera que el vértice superior, mientras que el segundo, habla de las tareas de la base.
[xv]Jáuregui, en la propia Jornada, repite una frase que escuchó el día anterior en un acto al que asistió.
[xvi] Sobre la responsabilidad individual comentó Juan Villamayor en la segunda mesa.
[xvii] Seguramente me dejaré alguna cita bibliográfica, puesto que no lo hice basándome en nada en particular. Más bien han sido lecturas que han ido conformando un todo en mi cabeza.
(Aartsen and Constantijn, 2013; Detomasi, 2008; Jenkins, 2005; Merino and Valor, 2011; Valor, 2005)
BIBLIOGRAFÍA
Aartsen, V., Constantijn, 2013. CSR in Times of Neoliberal Hegemony (SSRN Scholarly Paper No. ID 2271590). Social Science Research Network, Rochester, NY.
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Cervera, F., 2014. Neoliberalismo, activismo y Responsabilidad Social Empresarial [WWW Document]. eldiario.es. URL http://www.eldiario.es/zonacritica/Neoliberalismo-activismo-Responsabilidad-Social-Empresarial_6_221587878.html (accessed 4.2.14).
Detomasi, D.A., 2008. The Political Roots of Corporate Social Responsibility. J. Bus. Ethics 82, 807–819. doi:http://dx.doi.org.ezproxy.uned.es/10.1007/s10551-007-9594-y
Garriga, E., Melé, D., 2004. Corporate Social Responsibility Theories: Mapping the Territory. J. Bus. Ethics 53, 51–71.
Intellectuals and Socialism, n.d.
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Merino, A., Valor, C., 2011. The potential of Corporate Social Responsibility to eradicate poverty: an ongoing debate. Dev. Pract. 21, 157–167. doi:10.1080/09614524.2011.546005
Moreno, J.Á., 2013. Gobierno de la empresa y democracia: una bandera para la izquierda [WWW Document]. eldiario.es. URL http://www.eldiario.es/zonacritica/Gobierno-empresa-democracia-bandera-izquierda_6_154744536.html (accessed 4.2.14).
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Thomson, I., Bebbington, J., 2005. Social and environmental reporting in the UK: a pedagogic evaluation. Crit. Perspect. Account. 16, 507–533. doi:10.1016/j.cpa.2003.06.003
Valor, C., 2005. Corporate Social Responsibility and Corporate Citizenship: Towards Corporate Accountability. Bus. Soc. Rev. 110, 191–212. doi:10.1111/j.0045-3609.2005.00011.x
Zakhem, A., 2008. Stakeholder Management Capability: A Discourse-Theoretical Approach. J. Bus. Ethics 79, 395–405. doi:http://dx.doi.org.ezproxy.uned.es/10.1007/s10551-007-9405-5
Williamson, J., 2002:  What Washington Means by Policy Reform by John Williamson, Peterson Institute for International Economics Chapter 2 from Latin American Adjustment: How Much Has Happened?Edited by John Williamson. Published April 1990. November 2002